Son esas situaciones de la vida que uno nunca puede dominar. Si puede predecirlas, entenderlas (superficialmente, claro), intentar buscar una solución. Pero nunca llegará a dominarlas en cuanto sea el momento.
¿A qué momento hago referencia en este preciso momento? Cuando uno se da cuenta que deja atrás cierta parte de la juventud, cuando uno cae en que se le terminó la joda: LA FINALIZACIÓN DEL SECUNDARIO. Y no crean que me hago la dramática porque lo estoy viviendo, sino que es así. O sea, uno cuando termina el secundario sabe lo que se viene. Sabe que va a tener que empezar a estudiar, que va a tener que empezar a tener responsabilidades de mayor rango a las que ya tenía, que las cosas van a empezar a dificultarse un poco más. Y todos te dicen: "ahora vas a ver lo que es la vida" (gracias por recordarmelo la reconcha de tu madre). Pero bueno, las cosas son así, el paso del tiempo nadie lo puede detener y hace unos pocos días, 5º BOD 2011 se despidió del colegio como curso. Triste, feliz, triste feliz, triste. Dejemoslo ahí mejor.
viernes, 16 de diciembre de 2011
sábado, 10 de diciembre de 2011
Mamás: una necesidad
¿Cuántas veces dijimos: mi vieja está loca? O una frase que representa muchísimo mejor esta nota: "¡no la soporto más!".
Porque es verdad, todos los adolescentes decimos eso. Todos los adolescentes soñamos con la independencia, con el no vivir más con nuestros viejos, todos queremos tener total libertad sobre nuestras decisiones, todos queremos que nuestras mamás no estén a nuestro lado todo el tiempo. Aunque hay que convenir, también, que es verdad que decimos "mamá, vení", cuando queremos algo; "maaaa", cuando necesitamos algo; "mami", cuando no encontramos algo o el nunca mejor usado "vieja", cuando queremos mostrarle algo de lo que seguro, se va a sentir orgullosa. Porque es así, nosotros "no queremos" a nuestras mamás. Y ¿por qué lo pongo entre comillas? porque en realidad, no las queremos: las amamos, sólo que no nos da el valor para decírselo. Insisto en que el amor que es más difícil de expresar, es el de una madre. Porque es ella la que está cuando nos sentimos mal, cuando lloramos, cuando le gritamos a alguien, cuando algo nos pasa. Y si es así, es porque ella también nos ama, sólo que para ella es muchísimo más fácil demostrarlo. Convengamos que desde que nacimos, que nuestra querida "viejita" nos está dando todo. El alimento, la protección, el hacernos las cosas... Cuando crecemos, no la queremos ver cerca, deseamos que se vaya lo más lejos posible, lejos de nuestros amigos, de nuestros vecinos, de nuestro mundo. Pero ella es incansable, siempre esta ahí, ayudándonos, protegiéndonos, alentándonos a seguir. Ya sea desde el personaje principal cuando nacemos, como desde atrás del escenario, cuando ya somos más grandes.
Es así: las madres son una necesidad y, a la vez, un deseo. Es un sentimiento un poco ambiguo lo que expresamos: la queremos cerca pero a la vez desearíamos que esté en el faro del fin del mundo. Lo que estamos seguros de ese sentimiento, es que cada vez la queremos más y ella nos quiere más a nosotros. Es inexplicable y conjuntamente sorprendente.
Porque es verdad, todos los adolescentes decimos eso. Todos los adolescentes soñamos con la independencia, con el no vivir más con nuestros viejos, todos queremos tener total libertad sobre nuestras decisiones, todos queremos que nuestras mamás no estén a nuestro lado todo el tiempo. Aunque hay que convenir, también, que es verdad que decimos "mamá, vení", cuando queremos algo; "maaaa", cuando necesitamos algo; "mami", cuando no encontramos algo o el nunca mejor usado "vieja", cuando queremos mostrarle algo de lo que seguro, se va a sentir orgullosa. Porque es así, nosotros "no queremos" a nuestras mamás. Y ¿por qué lo pongo entre comillas? porque en realidad, no las queremos: las amamos, sólo que no nos da el valor para decírselo. Insisto en que el amor que es más difícil de expresar, es el de una madre. Porque es ella la que está cuando nos sentimos mal, cuando lloramos, cuando le gritamos a alguien, cuando algo nos pasa. Y si es así, es porque ella también nos ama, sólo que para ella es muchísimo más fácil demostrarlo. Convengamos que desde que nacimos, que nuestra querida "viejita" nos está dando todo. El alimento, la protección, el hacernos las cosas... Cuando crecemos, no la queremos ver cerca, deseamos que se vaya lo más lejos posible, lejos de nuestros amigos, de nuestros vecinos, de nuestro mundo. Pero ella es incansable, siempre esta ahí, ayudándonos, protegiéndonos, alentándonos a seguir. Ya sea desde el personaje principal cuando nacemos, como desde atrás del escenario, cuando ya somos más grandes.
Es así: las madres son una necesidad y, a la vez, un deseo. Es un sentimiento un poco ambiguo lo que expresamos: la queremos cerca pero a la vez desearíamos que esté en el faro del fin del mundo. Lo que estamos seguros de ese sentimiento, es que cada vez la queremos más y ella nos quiere más a nosotros. Es inexplicable y conjuntamente sorprendente.
La inseguridad femenina.
Hay algo de lo que las mujeres estamos 100% seguras: NO NOS QUIERE.
Y no importa cuántas pruebas nos demuestren nuestras amigas para decir lo contrario, no importa cuántas veces nos diga él mismo que nos quiere, no importa ninguna demostración de afecto que tengamos. Siempre va a estar eso por lo que aseguremos, juremos y apostemos que no nos quiere, no le interesamos, o no le gustamos.
Porque es así: para nosotras siempre va a haber una chica más linda, una chica más flaca, una chica más copada, una chica más habladora, una chica más pata, una chica a la que le quede bien esa remera que vos te probaste y tuviste ganas de llorar cuando te viste. Siempre, siempre, siempre. No importa cuantas veces ni quien diga lo contrario: nunca vamos a tener el ego alto.
Porque si, la inseguridad tiene ese privilegio medio anecdótico de ser femenina. El ejemplo más simple y más fresco que se nos viene a nuestra mente es en cuestión de ropa: comparemos cuánto tarda una mujer en elegir una remera y cuánto tarda un hombre. No es que seamos vuelteras ni complicadas, es que somos inseguras. De cómo nos va a quedar, de qué nos van a decir, de que con qué lo vamos a combinar. Y así, podemos estar toda la tarde. Entonces, afirmamos que las mujeres somos INSEGURAS. Y si, esas cuestiones pasan por todos lados. Hasta la más segura tiene, dentro de sí, una pizca de inseguridad avergonzada y escondida dentro, que muy pocas veces deja salir.
Lo mismo para todo. Y como los hombres no se dan cuenta de ese factor que se llama inseguridad, suelen llamarnos erróneamente "vuelteras", "complicadas" o mucho peor "HISTÉRICAS". En mi opinión, no hay nada peor que decirle histérica a una mujer. A menos que tu intención sea hacerla enojar y correr por tu vida, por lo menos, la maratón de nike de 10km. Porque no es que las mujeres somos histéricas (si bien, ese nombre fue puesto por una hormona femenina. De allí, su asociación al género), sino que la gente nos hace poner histéricas. Pero bueno, eso puede ser tratado en algún libro cuyo nombre podría llegar a ser "Maneras de alejar a una mujer por el resto de su vida", entre otras variantes. Va a sonar un poco contradictorio en esta nota, un tanto también con una anterior en la que se trató un tema similar, pero las mujeres somos histéricas.
Pero, ¿cómo? ¡Recién me dijiste que estaba mal llamar a una mujer así! Si, lo dije. Está mal que llamen a una mujer histérica, porque es como desatar un volcán en calma, pero eso no quiere decir que no lo seamos. También mencioné que está mal aplicado el término histérica cuando una es insegura, que es algo totalmente diferente, pero basándonos en la corta capacidad de sinónimos que los hombres poseen en su mínimo cerebro, hay algunas mujeres que lo aceptan. Personalmente, pienso que eso es una aberración a la Real Academia Española a la hora de hacer su diccionario de sinónimos y antónimos, que sorprendentemente, está hecho por más de un hombre. Así que podemos concluir como empezamos. Esto es una simple divagación para quien quiere y tenga tiempo de leerlo, para que los hombres puedan, quizás en un futuro no tan remoto, lograr entender a las mujeres un poco más. Y quisiera aclarar que esto está muy lejos de ser un monólogo, aunque bien podría hacerse uno de esto. Muchas gracias (:
Y no importa cuántas pruebas nos demuestren nuestras amigas para decir lo contrario, no importa cuántas veces nos diga él mismo que nos quiere, no importa ninguna demostración de afecto que tengamos. Siempre va a estar eso por lo que aseguremos, juremos y apostemos que no nos quiere, no le interesamos, o no le gustamos.
Porque es así: para nosotras siempre va a haber una chica más linda, una chica más flaca, una chica más copada, una chica más habladora, una chica más pata, una chica a la que le quede bien esa remera que vos te probaste y tuviste ganas de llorar cuando te viste. Siempre, siempre, siempre. No importa cuantas veces ni quien diga lo contrario: nunca vamos a tener el ego alto.
Porque si, la inseguridad tiene ese privilegio medio anecdótico de ser femenina. El ejemplo más simple y más fresco que se nos viene a nuestra mente es en cuestión de ropa: comparemos cuánto tarda una mujer en elegir una remera y cuánto tarda un hombre. No es que seamos vuelteras ni complicadas, es que somos inseguras. De cómo nos va a quedar, de qué nos van a decir, de que con qué lo vamos a combinar. Y así, podemos estar toda la tarde. Entonces, afirmamos que las mujeres somos INSEGURAS. Y si, esas cuestiones pasan por todos lados. Hasta la más segura tiene, dentro de sí, una pizca de inseguridad avergonzada y escondida dentro, que muy pocas veces deja salir.
Lo mismo para todo. Y como los hombres no se dan cuenta de ese factor que se llama inseguridad, suelen llamarnos erróneamente "vuelteras", "complicadas" o mucho peor "HISTÉRICAS". En mi opinión, no hay nada peor que decirle histérica a una mujer. A menos que tu intención sea hacerla enojar y correr por tu vida, por lo menos, la maratón de nike de 10km. Porque no es que las mujeres somos histéricas (si bien, ese nombre fue puesto por una hormona femenina. De allí, su asociación al género), sino que la gente nos hace poner histéricas. Pero bueno, eso puede ser tratado en algún libro cuyo nombre podría llegar a ser "Maneras de alejar a una mujer por el resto de su vida", entre otras variantes. Va a sonar un poco contradictorio en esta nota, un tanto también con una anterior en la que se trató un tema similar, pero las mujeres somos histéricas.
Pero, ¿cómo? ¡Recién me dijiste que estaba mal llamar a una mujer así! Si, lo dije. Está mal que llamen a una mujer histérica, porque es como desatar un volcán en calma, pero eso no quiere decir que no lo seamos. También mencioné que está mal aplicado el término histérica cuando una es insegura, que es algo totalmente diferente, pero basándonos en la corta capacidad de sinónimos que los hombres poseen en su mínimo cerebro, hay algunas mujeres que lo aceptan. Personalmente, pienso que eso es una aberración a la Real Academia Española a la hora de hacer su diccionario de sinónimos y antónimos, que sorprendentemente, está hecho por más de un hombre. Así que podemos concluir como empezamos. Esto es una simple divagación para quien quiere y tenga tiempo de leerlo, para que los hombres puedan, quizás en un futuro no tan remoto, lograr entender a las mujeres un poco más. Y quisiera aclarar que esto está muy lejos de ser un monólogo, aunque bien podría hacerse uno de esto. Muchas gracias (:
martes, 11 de octubre de 2011
Receta para irse a vivir solo
Ingredientes básicos:
Cómo formar la masa:
Coloque la casa, departamento o monoambiente (lo dejamos a gusto del consumidor) en el medio de la mesada. Comience a esparcirla para colocar dentro los electrodomésticos y muebles necesarios. Agregue el trabajo y amase bien hasta que estén todos los ingredientes unidos. Dejar reposar de tres a cinco meses (tiempo necesario para que las cosas anteriormente unidas logren unificarse) para luego agregar las tazas de las cualidades hogareñas y las capacidades de supervivencia. Luego de obtener esta preparación, unificar junto con las cucharadas de tiempo que ésta requerirá. Cocinar dos semanas (tiempo "nostálgico" en el que dejamos de pertenecer a la masa para ser ésta misma) y servir en frío. Puede conservarse toda la vida y realizarse cuantas veces desee. A la vez, también puede acompañarse con algún amigo o compañero de facultad / trabajo (este último caso es el más recomendable)
¡Cuidado!
- 1 casa / departamento / monoambiente
- 3 tazas de cualidades para realizar tareas hogareñas
- 1 trabajo que deje suficiente dinero como para mantener un hogar
- 5 cucharadas de tiempo para realizar la limpieza o, en caso de que éste esté ausente, dinero para contratar a alguien que lo haga por usted.
- electrodomésticos y muebles necesarios (todos ampliamente equipados) para la correcta vivencia dentro del ambiente
- 7 tazas Capacidades de supervivencia en épocas de hambre/frío/calor/heladera vacía (en caso de no conseguirlas, no se preocupe. Las irá adquiriendo a medida que el tiempo transcurra)
- Horno bien caliente y con mucha energía para cocinar esta preparación
- Adicional recomendado: compañero de trabajo o facultad, amigos, hermanos, primos. Lo que a usted le guste (:
Cómo formar la masa:
Coloque la casa, departamento o monoambiente (lo dejamos a gusto del consumidor) en el medio de la mesada. Comience a esparcirla para colocar dentro los electrodomésticos y muebles necesarios. Agregue el trabajo y amase bien hasta que estén todos los ingredientes unidos. Dejar reposar de tres a cinco meses (tiempo necesario para que las cosas anteriormente unidas logren unificarse) para luego agregar las tazas de las cualidades hogareñas y las capacidades de supervivencia. Luego de obtener esta preparación, unificar junto con las cucharadas de tiempo que ésta requerirá. Cocinar dos semanas (tiempo "nostálgico" en el que dejamos de pertenecer a la masa para ser ésta misma) y servir en frío. Puede conservarse toda la vida y realizarse cuantas veces desee. A la vez, también puede acompañarse con algún amigo o compañero de facultad / trabajo (este último caso es el más recomendable)
¡Cuidado!
- Para decidir si lo que utilizará es casa, departamento o monoambiente, piense cuáles son sus ingresos y cuántas ganas de sentir la soledad tiene (a menos que utilice el último ítem.)
- Los electrodomésticos y muebles necesarios deben estar (los más imprescindibles) desde el principio de la preparación. No puede comenzar a realizarla sin una heladera o un horno, por ejemplo.
- El trabajo debe ser constante y con una buena ganancia neta. No es recomendable preparar esta receta con uno temporal o de bajo nivel.
- Los tres a cinco meses es el tiempo necesario para que las cosas estén bien acomodadas, ambientadas e instaladas para el correcta acondicionamiento de esta masa.
- Las cualidades hogareñas y las capacidades de supervivencia pueden variar. Hay quienes prefieren comenzar el proyecto con menos y hay quienes deciden comenzarlo con una mayor cantidad. SIEMPRE asegúrese de tener aunque sea en lo más mínimo.
- El tiempo para realizar la limpieza es inversamente proporcional al trabajo que tenemos. En caso de que éste último sea demasiado demandante, recurrir a alguien de confianza para realizar las tareas anteriormente nombradas. En caso de que lo que sobre es el tiempo, venza la vagancia y agarre trapo y escoba.
- La cocción debe ser a fuego lento. No encender el horno en máximo y luego graduarlo, ya que éste podría ser dañino cuando la cocción sea finalizada. No espere los mismos resultados.
- Servir en frío. SIEMPRE hay que esperar a que la masa se enfríe para poder disfrutarla bien.
- El acompañamiento es opcional. Asegúrese que lo que desea agregar a esta masa sea medianamente humano. ¿A qué me refiero con ésto? Que, en lo posible, sea ordenado, calificado, tenga un trabajo constante, no esté loco, frenético ni sea un asesino serial. En caso de que alguna de las cualidades anteriores esté presente, la masa podría echarse a perder y durar poco tiempo.
- En caso de realizarse diversas veces, notará que los ingredientes irán variando en volumen... pero ¡no hay que preocuparse! siempre va a ser en beneficio de usted.
lunes, 10 de octubre de 2011
crazy love;
Ella buscaba a quien la hiciera sentir mariposas en la panza. Ella buscaba a quien la hiciera creer en algo más. Ella buscaba sentirse la princesa de un cuento de hadas. Ella quería sentir, sentir que todo era perfecto. Ella andaba perdida por el mundo, sola en un largo camino lleno de gritas. Ella no quería más sentirse vacía. Ella quería algo más que una noche. Ella no se iba a conformar con besos vacíos y caricias carentes. Ella quería ir más allá de lo que alguna vez hubiera podido imaginar.
Ella quería.
Quería, quería; pero nunca hacía. Vivía recluida en su mundo imperfecto, con sus imperfecciones tan perfectas que daban miedo.
Quería, por una vez en su vida, sentirse algo más que una simple luna.
Ella buscaba algo más que pasión: ella quería amor.
Ella quería.
Quería, quería; pero nunca hacía. Vivía recluida en su mundo imperfecto, con sus imperfecciones tan perfectas que daban miedo.
Quería, por una vez en su vida, sentirse algo más que una simple luna.
Ella buscaba algo más que pasión: ella quería amor.
lunes, 26 de septiembre de 2011
y nada!
Y bueno, nada, después de semejante abandono merecía un post. Básicamente estoy acostada, con mi mamá renegando para que me duerma y apague la notebook. Lo que ella no comprende, es la gravedad del asunto de la ausencia de un libro en mi cabeza para una prueba literaria de mañana... Lo que estaría buenisimo es que alguien me explique como hago para leermelo, dormir y levantarme medianamente de un humor bueno. Imposible.
Así que aquí estoy, recorriendo los últimos meses, días, horas, clases de mi secundaria; con un año que ya voló pero se pasó más rápido que cualquiera. Ese Bariloche inolvidable, esas risas en el curso, esas peleas por campera y boliche, esos gritos por cualquier cosa es lo que, sin duda, más voy a extrañar.
Pero seamos francos, hasta Abril del año que viene no me voy a percatar de estas cosas. Es por eso que ahora tengo un par de pequeñas cosas para decir.
Me cago en la literatura
Me cago en el colegio (hoy)
Me cago en los profesores.
Me cago en el sistema.
Listo, me descargué
Así que aquí estoy, recorriendo los últimos meses, días, horas, clases de mi secundaria; con un año que ya voló pero se pasó más rápido que cualquiera. Ese Bariloche inolvidable, esas risas en el curso, esas peleas por campera y boliche, esos gritos por cualquier cosa es lo que, sin duda, más voy a extrañar.
Pero seamos francos, hasta Abril del año que viene no me voy a percatar de estas cosas. Es por eso que ahora tengo un par de pequeñas cosas para decir.
Me cago en la literatura
Me cago en el colegio (hoy)
Me cago en los profesores.
Me cago en el sistema.
Listo, me descargué
martes, 2 de agosto de 2011
angustia post-bariloche
quiero nieve
quiero aerosilla
quiero siesta en la 210
quiero previa en la 308
quiero meriendas
quiero ir a molestar a las habitaciones
quiero correr por los pasillos
quiero putiar a algien
quiero chusmerios
quiero que javier entre a la pieza diciendo, CIERREN LA PUERTA
quiero a un wachi llamando por telefono
quiero culipatin
quiero pinturas
quiero ropa volando
quiero el "me prestas esa remera?"
quiero caminar por el centro y que me paren a ofrecerme chocolates
quiero tener disney todo el dia en la tele
quiero decir: me baño pri!
quiero un quilombo de ropa en la habitacion
quiero volver a encautar la merienda y gaseosas
quiero perder algo y putiar a todo el mundo
quiero que martin entre en la pieza y lo saquemos cagando
quiero que wachichorro me muestre sus medias de vivo
quiero que toto entre a la mañana y nos vea semi en pelotas
quiero abrir la ventana para fumar y que se vuele todo
quiero bajar a cenar en pijama
quiero decir: me traes agua?
quiero cantar: es muy vivo!
quiero correr para que no se nos vaya el micro
quiero putear a los coordinadores porque nos apuran
quiero escuchar una vez mas: zarate, mataderos, varela arriba!
quiero charlas hasta las seis de la mañana
quiero reuniones en las habitaciones
quiero correr sin ser vista
quiero salir a bailar todas las noches
quiero volver a cargar a jesus
quiero tener a mis amigas conmigo todo el dia
quiero despertarme cuando me tiran la puerta abajo
quiero putear una vez mas a todo el mundo
quiero correr porque nos olvidamos algo
quiero ir a conocer gente
quiero hablar con cualquier persona en cualquier momento y lugar
quiero guerra de cosas
quiero el baño mojado de nuevo
quiero cerrar la puerta con la llave adentro
quiero dormir en el micro
quiero Bypass
quiero genux
quiero grisu
quiero roket
quiero cerebro
quiero escuchar el: "que te pones hoy a la noche?"
quiero chusmear en los pasillo
quiero volver a putear al mozo para que me repita el plato
quiero entrar a la habitacion de al lado a saludar
quiero cantar otra vez las canciones porno
quiero cantar una vez mas: vamos que las feas son una fiesta!
quiero cantar cualquier cancion a viva voz
quiero volver a comer fideos y milanesa
quiero hacer los pasitos de los coordinadores
quiero cantar los lentos abrazadas a mis amigas
quiero abrir todas las ventanas y que se nos vuele todo
quiero cantar "do re mi fa sol la si eso es el amor para mi"
quiero molestar a la gente en el boliche
quiero cargar a las que estan en pedo
quiero bariloche!
Uno las cosas así nunca las piensa. Hace aproximadamente unos 400 días, estábamos eligiendo empresa para irnos de viaje de egresados. Hace aproximadamente 400 días, estábamos en plena pelea sobre si el azul o el naranja nos iba a quedar mejor, sobre si el azul o el naranja queríamos que nos acompañen durante 10 días. Finalmente, nuestros papás tuvieron la decisión final, y el naranja nos quedó divino. Berrinches, peleas, no se, no quiero fueron los compañeros los días posteriores hasta que finalmente, quedamos 19 de los 40 que íbamos a viajar. Aún así, las cosas no se nos complicaron y decidimos que este viaje tenía que ser el mejor de todos.
Que no traen los mp5, que no traen las mochilas, que llamamos a quejarnos! que no me voy, que me quedo, que no me importa, que faltan 105 días, que tachen en la cartelera, que viajo con el buzo, que viajo sin el buzo, que dejense de joder, que no falta nada, que falta mucho, que no tengo ropa, que un bolso no me alcanza, que yo llevo la planchita, que yo llevo la buclera, ¿¿¿quién lleva el termo???, que me siento mal, que me siento bien, que voy a extrañar, que no quiero dormir con ella, que las habitaciones son de tres, que quiero sommier, que quiero comida rica, que quiero excursiones de nieve, que quiero ir al centro tres días, que quiero comer chocolate, que quiero dormir la siesta, que faltan tres días, que faltan dos días, que falta un día. Que ya estoy arriba del micro.
Nadie podía creerlo. 5º BOD de la Divina Pastora de Mataderos arriba del micro Plusmar con destino a S. C. de Bariloche. ¿Y arriba? Un grupo de chicos que nadie conocía, que nadie quería mirar siquiera. Nosotros, en nuestro mundo. Ellos, en el de ellos. Sube el coordinador a decirnos que todavía faltaba buscar a un grupo de Zárate. Nos acomodamos, nos cambiamos de lugar, colgamos las banderas, cantamos, gritamos, nos hacemos amigos del otro colegio. Suben los de Zárate, nos ponemos a hablar. Mate, galletitas, chocolates, charlas, risas, golpes, anécdotas. Nadie puede esperar para llegar a Bariloche.
Y así pasan los días en la ciudad de Bariloche. Entre nuevos amigos, mates, risas, golpes, caídas, llamados, cortadas, alfajores, gaseosas, galletitas, siestas, ropa, shampoo, acondicionador, jabón, maquillajes, cenas, corridas en el comedor, corridas en la escalera, jugar con el ascensor, resbalarse en los pasillos, golpear las puertas, secar la ropa de nieve, revolear zapatillas, despertarse para ir a las excursiones, robar medialunas del desayuno, ponerse medias de vivo, perder una remera, golpear puertas preguntando por las cosas, que te llamen a la hora de la siesta para preguntarte si hay alguien ahí, que te mojen con nieve, que te caigas del culipatín, jugar con los cuatris, andar a caballo, subir el cerro, carrera en el trineo, merienda con el lago, verlo al paisa, cagarte de risa, jugar guerra de nieve, cansarte caminando, almorzar en el cerro catedral, que se te llene la bota de agua, embolarte en circuito chico, querer matar a cualquier perro San Bernardo que se te cruce en el camino, querer matar al guía, casi caerte en la cascada, querer comerte todos los chocolates que te encuentres, cagarte de risa de las fotos, competir contra los varones, cantar canciones cuasi pornográficas, que te nieve cuando te tiras de tirolesa, empaparte en el metegol humano, no pegarle a una pelota ahí adentro, andar a caballo, austarte, gritar, fotos en la que uno sale horrendo, llorar en el fogón, reirte en el fogón, abrazarte con tus amigas, andar en aerosilla, caerte del ski, que se te salga la bota de nieve, cuidar los anteojos, tener solo un guante, romper bijouterie, pelearse con la compañera de cuarto, con la del cuarto de al lado, dormir en la pieza de arriba, joder con las de enfrente, bailar con los del final del pasillo, tener previa en tal o cual habitación, salir corriendo para que no se te vaya el micro, agarrar la primera campera que ves, salir sin campera, subirte al micro, cantar hasta quedarte sin voz, abrazarte con tus compañeros, querer pegarle a todo el mundo, subirte al camión jaula, pegarte, sacarte fotos, cantar, gritar, caerte, pegarse con los cascos, entrar saltando al hotel, cantar quinta comida, cantar val garche, tener la cena de velas, terminar todos llorando, abrazarte con el que no te abrazabas hacía dos años, romper en risas a los dos segundos, llorar cada tres minutos, cambiarte, irte al boliche, bailar todas las canciones, cantarlas con otra letra, bailar hasta lo que no te gusta, aprenderte los pasitos boludos de los coordinadores, joder con tus amigos, joder con los coordinadores, bailar con quien no conoces, bailar con tu mejor amiga, planear cosas con tus amigas, secretos con tu mejor amiga, confesiones de grupo, comer golosinas, comer rocklets, comer chocolates, que te saquen la comida, robar almohadas, correr hasta el sexto piso a las seis de la mañana, encerrarte en la habitación, que te hagan un piquete en la puerta de la habitación, romper la caja fuerte, manchar el baño, romper la ventana, dejar una sprite en la ventana para que se enfríe, tener una cindor que todos te quieren tomar, que vengan los coordinadores a hablar, que te peguen los coordinadores, que te abracen, que te curen un dedo, que te sonrían, que te sirvan, que se rían, que te reten, que la pases genial con tus amigas, que la pases genial con tu curso, que la pases genial con tu grupo...
Y si, después de tanta espera, llegó y terminó Bariloche. Sin duda, uno de los recuerdos más lindos que voy a guardar; sin duda, una de las cosas de las que no me quiero olvidar.
miércoles, 6 de julio de 2011
Cause baby you are a forework!
Esto es algo terapéutico, quizá a pocos le interese. Siento que necesito descargarme. Escribir, es lo que mejor me sale en este momento. La situación me supera, siento que son pocas las personas que me entienden. Para que se den una idea, mi escritorio está desordenado, los sobrecitos de azúcar que uso para el mate diario de todas las tardes sigue ahí, tal como los dejo todos los días. El termo, mi fiel compañero, vacío me pide que lo llene. Mi cuadernos ABC Rivadavia y el mapa nº5 de Argentina (todavía en blanco) se complotaron y empezaron a reírse de mí. ¿Cómo puede ser que haya tanto despelote en tan solo unos cm de mesa? Esto me hace dar cuenta que, además de loca, soy una colgada. Bocetos, tengo miles. Pero la obra nunca la termino. ¿cómo puede ser que no pueda sentarme a escribir por lo menos dos líneas? ¿cómo puede ser que no tenga la inspiración? No hay nada que me estrese más que me obliguen a inspirarme. Dios mío, ¡como si fuera fácil! Yo no se como voy a hacer el año que viene, cuando me tenga que sentar a escribir ensayos, trabajos prácticos y leer textos kilométricos que lo único que hacen es que a uno le duela la cabeza.
Cuando esto viene a mis pensamientos, sólo se me ocurre una cosa: FFFFFFUCK! No quiero terminar la secundaria. Aunque, tengo que admitir, que la pesada rutina ya me está cansando. Ver la cara de JC todas las mañanas ya dejó de causarme simpatía, sobre todo si viene acompañado de profesores que tienen más malhumor que uno y un jefe de preceptores engreído que lo único que hace es tratarte mal.
En estos momentos, lo único que me hace bien es hablar con mis amigas. Organizarme el finde. Dejar de pensar en la prueba de matemática del viernes que va a causar un suicidio masivo en quinto bod (o por lo menos, a aquellos que nos interesa no llevarnos la materia). Dejar de pensar en las entradas para shafes que tengo que vender. Dejar de pensar en que tenemos que juntar plata para la fiesta de egresados. Dejar de pensar en la prueba de geografía del martes que viene que quiero aprobar. En síntesis, dejar de pensar.
Pensé que un baño me iba a sacar toda la histeria que tengo encima, pero no es así. Creo que la aumentó. EL hecho de tener frío me altera, lo juro. Detesto levantarme a la mañana y que mamá me diga la temperatura... Hay cosas que prefiero no saber, definitivamente.
Ya me terminé el segundo termo de mate que, como le dije recién a mi mejor amiga, está lavado y amargo. Extraña sensación, sobre todo porque todo lo tomé en soledad. No se como voy a hacer en Bariloche para sobrevivir sin el mate, creo que se volvió algo imprescindible en mi vida. Ahora que lo pienso, allá voy a tener las combinaciones que más detesto: frío, dormir poco, no hay mate. Si esto no causa por lo menos alguna flagelación en mi, creo que soy más fuerte de lo que pensé. ¡Todo sea por esos benditos diez días tan esperados! Los sueños y anhelo desde el año pasado prácticamente y pensar que ya está llegando es algo que me deprime enormemente por dos simples motivos: el primero, es que no tengo nada para llevarme en materia ropa y el segundo es que si me voy a Bariloche, empieza la segunda mitad del año; si empieza la segunda mitad del año, me tengo que inscribir en la facu; si me tengo que inscribir en la facu, termino la secundaria; si termino la secundaria, termino la joda. Creo que es casi tan paradójico con lo que dije anteriormente. Tengo muchos sentimientos encontrados con ese tema, no creo definir que es lo que quiero. Sí, soy una histérica de mierda (:
Mejor que me ponga las pilas, tengo muchas cosas que hacer y muy pocas ganas de ponerme a hacerlas. No comprendo a esas personas que llegan siempre a hacer todo con quinientos días de anticipación... ¿¡Cómo hacen?! ¿No tienen, acaso, vida social? ¿No viven, no comen, no tienen facebook? Creo que a esas personas (y peor las que todavía te lo enrostran) son las que tengo ganas de pegarle. Como los chicos que están en primer año... Se hacen los vivos haciendo jodas en sus casas y después cuando queres venderle una anticipada para un boliche te dicen que los sábados a la noche se quedan en su casa durmiendo. Pendejos de mierda.
Otra cosa que me tiene preocupada por el momento, es la coreografía de mañana... No puedo creer que nos tomen ese tipo de cosas y que, después, te la critiquen. Obvio, si hay favoritismo! ¿cómo voy a ser mejor dando una coreografía que una persona que estudió cinco años danza? Encima que a la mina no me la banco. Muchas veces me dan ganas de gritarle en la cara, como a JC con sus estadísticas. Creo que muero por hacerlo, mi sueño a realizar.
Y como siempre, Harry Potter es el único que hace que deje de pensar en todo. Es lo único que hace que me conecte con otro mundo, por lo menos por un rato. Sí, estoy definitivamente loca.
Digamos la verdad, lo único que hice fue quejarme. Hoy fue un día de mierda, pero creo que peor fue ayer. Y como bien dice la canción "Hoy estoy peor que ayer, pero mejor que mañana!" Y si, como siempre, la música tiene la frase justa para mí.
Cuando esto viene a mis pensamientos, sólo se me ocurre una cosa: FFFFFFUCK! No quiero terminar la secundaria. Aunque, tengo que admitir, que la pesada rutina ya me está cansando. Ver la cara de JC todas las mañanas ya dejó de causarme simpatía, sobre todo si viene acompañado de profesores que tienen más malhumor que uno y un jefe de preceptores engreído que lo único que hace es tratarte mal.
En estos momentos, lo único que me hace bien es hablar con mis amigas. Organizarme el finde. Dejar de pensar en la prueba de matemática del viernes que va a causar un suicidio masivo en quinto bod (o por lo menos, a aquellos que nos interesa no llevarnos la materia). Dejar de pensar en las entradas para shafes que tengo que vender. Dejar de pensar en que tenemos que juntar plata para la fiesta de egresados. Dejar de pensar en la prueba de geografía del martes que viene que quiero aprobar. En síntesis, dejar de pensar.
Pensé que un baño me iba a sacar toda la histeria que tengo encima, pero no es así. Creo que la aumentó. EL hecho de tener frío me altera, lo juro. Detesto levantarme a la mañana y que mamá me diga la temperatura... Hay cosas que prefiero no saber, definitivamente.
Ya me terminé el segundo termo de mate que, como le dije recién a mi mejor amiga, está lavado y amargo. Extraña sensación, sobre todo porque todo lo tomé en soledad. No se como voy a hacer en Bariloche para sobrevivir sin el mate, creo que se volvió algo imprescindible en mi vida. Ahora que lo pienso, allá voy a tener las combinaciones que más detesto: frío, dormir poco, no hay mate. Si esto no causa por lo menos alguna flagelación en mi, creo que soy más fuerte de lo que pensé. ¡Todo sea por esos benditos diez días tan esperados! Los sueños y anhelo desde el año pasado prácticamente y pensar que ya está llegando es algo que me deprime enormemente por dos simples motivos: el primero, es que no tengo nada para llevarme en materia ropa y el segundo es que si me voy a Bariloche, empieza la segunda mitad del año; si empieza la segunda mitad del año, me tengo que inscribir en la facu; si me tengo que inscribir en la facu, termino la secundaria; si termino la secundaria, termino la joda. Creo que es casi tan paradójico con lo que dije anteriormente. Tengo muchos sentimientos encontrados con ese tema, no creo definir que es lo que quiero. Sí, soy una histérica de mierda (:
Mejor que me ponga las pilas, tengo muchas cosas que hacer y muy pocas ganas de ponerme a hacerlas. No comprendo a esas personas que llegan siempre a hacer todo con quinientos días de anticipación... ¿¡Cómo hacen?! ¿No tienen, acaso, vida social? ¿No viven, no comen, no tienen facebook? Creo que a esas personas (y peor las que todavía te lo enrostran) son las que tengo ganas de pegarle. Como los chicos que están en primer año... Se hacen los vivos haciendo jodas en sus casas y después cuando queres venderle una anticipada para un boliche te dicen que los sábados a la noche se quedan en su casa durmiendo. Pendejos de mierda.
Otra cosa que me tiene preocupada por el momento, es la coreografía de mañana... No puedo creer que nos tomen ese tipo de cosas y que, después, te la critiquen. Obvio, si hay favoritismo! ¿cómo voy a ser mejor dando una coreografía que una persona que estudió cinco años danza? Encima que a la mina no me la banco. Muchas veces me dan ganas de gritarle en la cara, como a JC con sus estadísticas. Creo que muero por hacerlo, mi sueño a realizar.
Y como siempre, Harry Potter es el único que hace que deje de pensar en todo. Es lo único que hace que me conecte con otro mundo, por lo menos por un rato. Sí, estoy definitivamente loca.
Digamos la verdad, lo único que hice fue quejarme. Hoy fue un día de mierda, pero creo que peor fue ayer. Y como bien dice la canción "Hoy estoy peor que ayer, pero mejor que mañana!" Y si, como siempre, la música tiene la frase justa para mí.
viernes, 17 de junio de 2011
C&L
Las cosas no salieron como él quiso. Mejor dicho, salieron totalmente diferentes a su idea original. Estar encerrado en esas cuatro paredes no estaba en sus planes, como tampoco lo estaba perder cuatro años de su vida allí dentro. Los barrotes, sus únicos amigos en ese tiempo de soledad, lo observaban burlonamente… él podía sentirlo. Los palitos dibujados en la pared, como una cuenta regresiva que nunca avanza, parecían reírse de él mientras que se volvía totalmente loco en soledad. No pasaría mucho tiempo más hasta que la locura lo consumiera totalmente, dejándolo en un estado irreconocible tanto para él como para sus allegados. ¿Quién lo esperaría afuera? ¿Quién se estaría preocupando por él ahora mismo? Estas preguntas daban vuelta por su cabeza desde hacía ya mucho tiempo. Esos interrogantes, que todavía no tenían respuesta, ansiaban ser develados lo antes posible.
La hora llegó. Los barrotes se separaron lentamente dándole lugar a la libertad: esa libertad que tanto anheló y que tanto esperó. Sus problemas muy pronto pasarían a ser otros, de mayor importancia, esos que él quería. Un par de guardias (ambos de baja estatura y fornidos, aunque sus caras no aparentaban su edad) lo acompañaron a la salida y le entregaron sus cosas. Sus preciadas cosas.
Como era de esperar, no encontró a nadie a la salida. Lo presentía desde que ingresó a aquel sombrío lugar, pero no quiso aceptarlo. Decidió tomar un colectivo que lo dejaría a unas pocas cuadras de su hogar, aunque esa no era la manera que más le gustaba para comenzar su nueva vida.
Luego de miradas amenazadoras y desconfiadas durante el camino de regreso, llegó a su casa. Las palabras “asesino”y “justicia” que estaban escritas con aerosol permanente serían tan difíciles de quitar de las paredes como de sus recuerdos. ¿Era él realmente responsable de lo ocurrido? ¿O fue, simplemente, un destino taimado que jugó en su contra? Sea como sea, los recuerdos quedarían.
Días después de su llegada, una carta lo citaba a declarar al juzgado. Le sorprendió que después de tanto años lo sigan llamando para repetir, como hizo desde la primera vez, la misma historia. Pensó seriamente unos segundos acerca de ausentarse a tal petición, pero optó por tomar sus cosas y marchar rumbo a su destino nuevamente. Otra vez, a ese oscuro lugar no volvería.
Una vez llegado e instalado en el juzgado, comenzaron las preguntas habituales. Las respondió tal y como recordaba que habían sucedido, hasta en el mismo orden de siempre: “Llevábamos una relación hacía ya bastante tiempo. Las cosas, no podían ir mejor: nos llevábamos tan bien y estábamos en plena búsqueda de una casa para irnos a vivir juntos. De pronto, todo comenzó a ponerse extraño: la notaba con un humor diferente, como si estuviera enojada por algo. Podría llegar a afirmar que esa conducta empezó la tarde después de que fui a la facultad a llevar unos apuntes a una compañera que los necesitaba. Desde ese día, la notaba más distanciada, como si me estuviera escondiendo algo. No le di demasiada importancia, ya que podía tratarse de algo momentáneo por su trabajo o su estudio. Al día siguiente (una semana antes de su muerte), me llama cinco veces al celular. No llegué a contestar las llamadas, porque me encontraba en plena reunión con mi jefe, quien me estaba dando explicaciones acerca de cómo realizar mi próximo trabajo. Intenté volver a comunicarme con ella, le devolví los llamados, pero ahora era ella quien no contestaba. Supuse que si no respondía era porque no se trataba de un asunto de extrema urgencia, por lo que decidí volver a mi casa. Como mis padres se encontraban de viaje, estaba viviendo momentáneamente solo. Cuando llegué a mi hogar, me di cuenta de que se me hacía tarde para ir a encontrarme con un amigo, a quien no veía hacía mucho tiempo. Salí apurado de mi casa, y me encontré con ella en la puerta. No puedo describir su cara, pero estaba seguro de que algo no andaba bien. Sus ojos estaban al borde del llanto, y la mueca que representaba su boca me dio qué pensar. Le pregunté si no quería que me quedara con ella, pero se negó y dejó que continuara mi camino. Le ofrecí pasar y que me espere, que se sirva lo que quiera y que se ponga cómoda. Le prometí que hablaríamos en cuanto volviera. Aceptó feliz y yo partí al encuentro con mi amigo. Cuando volví a mi casa, la comencé a buscar por todos lados, pero no la encontraba. Suponiendo que se había marchado a su casa y que cuando llegara me llamaría, me dirigí al escritorio a encender mi computadora para cerciorarme de que no tuviera mails sin leer. Cuando entré, la encontré sentada, revisando y copiando archivos en un pendrive que ella había traído (lo supe porque mis padres se habían llevado los que se encontraban en mi casa con el fin de guardar sus fotos durante su viaje). Le pregunté qué estaba haciendo, ya que, por lo que vi, estaba copiando archivos privados míos y de mi familia. Intentó explicarme, pero el enojo del momento hizo que me fuera a dar una vuelta por la plaza más cercana dando un portazo a la puerta principal y refunfuñando por lo bajo. Una hora más tarde, volví a mi casa. Cuando entré estaba todo en demasiada tranquilidad, por lo que me dediqué a buscarla. Así fue como la encontré, tirada en el piso del baño ya sin vida y con el revólver en la mano.”
Éstas últimas palabras le resultaron más duras de decir que todo el relato. Algunas lágrimas quisieron resbalar, pero él decidió que lo mejor sería que se contuvieran, de modo que se las enjugó con la manga de la campera que llevaba puesta. Todo estaba tranquilo en aquella pequeña habitación donde fueron realizadas las preguntas. Demasiado tranquilo. De repente, algo que nunca había escuchado antes zumbó en sus oídos e hizo que le comenzara a doler la cabeza: “Tenemos en nuestro poder un video de su novia, horas antes de que fuera hallada sin vida en su casa. Allí, explica todo lo que necesitábamos para resolver su caso”. Él aceptó con lágrimas en los ojos ver ese video, sabiendo que éstas no tardarían en rodar por su mejilla. El video era simple, no tenía demasiada preparación. Se le notaba agitada, con miedo. Podía verlo en sus ojos, podía sentirlo en su voz. Recordó esa noche; ¿cómo no pudo darse cuenta de esas cosas? ¿Qué fue lo que lo había cegado en ese momento? Las manos de ella se movían temblorosas a la vez que modificaba la posición de la cámara para lograr que la capte correctamente. Él, no pudo contener más su llanto. Las lágrimas comenzaron a correr, una tras otra, mientras que un sollozo enmudecía en su pecho. Ella, comenzó a hablar:
“Grabo este video por lo que me pueda llegar a pasar. Sé muy bien cómo finalizará esto, es por eso que quiero contar lo que estoy sintiendo, lo que estoy viviendo. Me doy cuenta que las cosas ya no son como antes, y que las personas en las que más confiaba se volvieron perfectos desconocidos que me cruzo día a día. Lo vi a mi novio encontrándose con otra chica. No estoy segura de quien era ella, pero sé muy bien lo que vi. Al contar esto, me trataron de loca, de que él era incapaz de hacer algo así, que él me amaba. Poco me importó, por lo que decidí distanciarme de él por un breve tiempo para pensar bien en cómo debía actuar. Al día siguiente, me decidí a llamarlo, pero no me contestó. Estaba segurísima de que estaba con ella, que ella era la causa por la cual no me contestaba. Me dispuse a ir para su casa, para encontrarlo y poder hablar con él acerca de lo ocurrido. Cuando llegué, se estaba yendo. ¿Se estaría yendo a comprarle algún regalo o, quien sabe, a encontrarse nuevamente? Me miró con su mirada desencajada, como si no entendiera lo que estaba ocurriendo. Ciertamente él no sabía que yo sabía acerca de ella y quiso engañarme haciéndose el desentendido. Me ofreció entrar, que comiera algo y que lo esperara así charlábamos cuando volviera. Acepté de muy buena manera ya que aprovecharía ese tiempo para revisar si guardaba cosas de ella. Quien sabe, quizá una foto o un mail. Entré y me serví un vaso con gaseosa que encontré en la heladera. Subí inmediatamente al escritorio; encendí la computadora y me dediqué a buscar entre archivos y documentos perdidos. No escuché ni la puerta de calle cuando entró ni sus pasos cuando se acercaba a donde estaba, por lo que no tuve tiempo de cerrar nada antes de que me viera. Cuando me vio, me pidió explicaciones. Quise explicarle cómo habían sido las cosas en realidad, que lo había visto y que ya sabía todo, pero no me dio tiempo a llegar a aclararle nada ya que salió enojado a caminar por la plaza, como lo hace siempre que está enojado o quiere pensar. Ya no quiero seguir viviendo, ya no me interesa saber nada más con la vida ni con la gente que me trató de loca. Quiero que todo esto termine y lo voy a hacer ahora.”
Se vio cómo ella extendía el brazo para apagar la filmadora, al tiempo que se observaba cómo con la otra alzaba un revólver. El resto no se vio, pero él supo como finalizaba la historia. No quería volver a vivirlo, volver a sentir ese frío que experimentó cuando la vio desplomada en el baño ni soportar esa impotencia cuando vio el arma junto a ella. El video fue encontrado mucho después de lo debido: él no se mereció estar esos cuatro años encerrado. Él era inocente, lo sabía; y ahora también lo sabía el mundo, la justicia. Pero ya no le importaba, como tampoco le importaba si tenía que volver a la cárcel. Lo único que quería era que ella regresara, pero sabía que eso no iba a suceder: nada podría traerla de regreso. Se sintió culpable, más culpable que nunca… Sentía vergüenza de sí mismo. Quería reencontrarse con ella, explicarle lo ocurrido, que las cosas no eran como parecían. Era algo que debió haber hecho desde un principio, en lugar de enojarse e irse.
Esa misma noche, él volvió en su casa y sus almas se encontraron. Hablaron. Rieron. Lloraron. Volvieron a sentir ese amor que no habían sentido ninguno de los dos hacía ya bastante tiempo. Sus almas, volvieron a ser una otra vez.
domingo, 12 de junio de 2011
knowing a little better.
Me gustaría que me entiendan.
Que sepan que, a veces, los actos dicen mucho más que las palabras. Que las palabras duelen mucho menos que las miradas. Que las miradas muchas veces pueden destruirnos por dentro. Que la destrucción interna puede conllevar a otras consecuencias. Que las miradas dicen mucho más que mil palabras.
Que las fotos no son sólo recuerdos: son momentos que quedan grabados en la memoria. Que la memoria es engañosa. Que los engaños traen mentiras. Que las mentiras traen peleas. Que las peleas traen llantos. Que las lágrimas nunca son buenas.
Me gustaría que sepan que los lazos se quiebran. Que la familia es primero, pero para muchos ahí está el dinero. Si la unión hace la fuerza, ¿de dónde podemos sacar tanto aguante?
Que las canciones dicen mucho, si se las escucha con propiedad. Que los cantantes nos representan. Que las notas nos llevan a otra realidad.
Que hay que vivir más al aire libre. Que tocar el pasto con los pies es la sensación más linda que a alguien le pueda ocurrir. Que respirar el aire fresco es sano y que el cigarrillo mata lentamente. Que la soledad nunca es buena, pero tampoco la compañía constante. Que la tristeza a veces viene bien.
Que me entiendan, de una vez por todas, que lo que a uno le hace bien es lo que está bien para él y no para todos.
Que sepan que, a veces, los actos dicen mucho más que las palabras. Que las palabras duelen mucho menos que las miradas. Que las miradas muchas veces pueden destruirnos por dentro. Que la destrucción interna puede conllevar a otras consecuencias. Que las miradas dicen mucho más que mil palabras.
Que las fotos no son sólo recuerdos: son momentos que quedan grabados en la memoria. Que la memoria es engañosa. Que los engaños traen mentiras. Que las mentiras traen peleas. Que las peleas traen llantos. Que las lágrimas nunca son buenas.
Me gustaría que sepan que los lazos se quiebran. Que la familia es primero, pero para muchos ahí está el dinero. Si la unión hace la fuerza, ¿de dónde podemos sacar tanto aguante?
Que las canciones dicen mucho, si se las escucha con propiedad. Que los cantantes nos representan. Que las notas nos llevan a otra realidad.
Que hay que vivir más al aire libre. Que tocar el pasto con los pies es la sensación más linda que a alguien le pueda ocurrir. Que respirar el aire fresco es sano y que el cigarrillo mata lentamente. Que la soledad nunca es buena, pero tampoco la compañía constante. Que la tristeza a veces viene bien.
Que me entiendan, de una vez por todas, que lo que a uno le hace bien es lo que está bien para él y no para todos.
viernes, 10 de junio de 2011
lindo transporte.
Esos momentos en que uno desearía ser adinerado. ¿Para qué? Para comprarse un auto. Sí, en esos momentos a nadie le interesa el bienestar de la salud o emocional ni realizarse como personas siendo felices... lo único que nos interesa es comprarnos un auto y mirar a los que van al colectivo con cara de pena.
Pero hay algo que ni yo ni nadie entiende... ¿qué es lo que nos molesta de los colectivos? Bah, más que de los colectivos, de los colectivos argentinos. Porque uno ve los bien cuidados, con aire acondicionado y choferes felices colectivos que pueblan el mundo. ¿Y en Argentina? Bueno, en Argentina la cosa es diferente.
Partamos de las colas kilométricas que nos esperan en las paradas. Sumados al frío/calor insufrible de la city porteña. A todo esto, le agregamos los largos (casi que parecen horas) minutos que tarda el colectivo en llegar a la parada en la que estamos situados.
Diez.
Veinte.
Treinta.
¡¿Cuarenta?! minutos
Sí, hasta una hora quizás. Los más agraciados, cuando llegan a la parada, llega el colectivo. Esos malditos suertudos...
Cuando subimos al colectivo, pensamos que ya pasó la peor parte, pero no. Lo peor está por venir.
- $1.25 - le decimos al colectivero forzando una sonrisa y no putearlo debido a la cantidad de tiempo que nos hizo esperar y que casi sigue de largo sin dejar que vos te subas.
Él, con cara de pocos amigos, hace que saques el boleto y te vayas a sentar. O a ubicar, porque NUNCA va a haber un lugar libre y, si lo hay, siempre una persona no tan mayor ventajera se sienta primero. El viaje, siempre es tranquilo... interiormente hablando, claro está.
Grupalmente, el aire es tenso. Siempre hay alguien que te mira y uno nunca descifra del todo esas miradas. Además, de que el vaivén y el paro abrupto del transporte hace que te golpees, codees y pises a todo el mundo, lo que hace que el viaje se vuelva un "perdón" permanente. Hablando de perdón, también podríamos nombrar los permisos: son pocos los educados que nombran esa palabra. Siempre te corren, te pisan o te aplastan.
Durante el viaje, puede pasar que el colectivero hable con el otro y se cuelgue hablando (dale, flaco, quiero llegar a mi casa); que se le pinche la goma al colectivo (para los menos afortunados) o que algunos locos se empiecen a pelear finalizando con la bajada de uno de ellos del colectivo y el otro pidiendo perdón a los pasajeros.
Una vez que visualizamos la cercanía a nuestro destino, procedemos a tocar el timbre. Si hay mucha gente, uno tiene que prepararse con dos paradas de anticipación pero, en el caso de que no haya nadie bloqueando la salida cosa que es muy rara, se dirige directamente y salta (digo salta porque nunca el transporte frena definitivamente, sino que uno tiene que hacer su mejor salto al estilo "misión imposible") para lograr caer en el cordón sin romperse el pie o rodilla.
En fin, el viaje en colectivo en Argentina, más que viaje es un turismo aventura... ¡que lindo viajar en colectivo!
Pero hay algo que ni yo ni nadie entiende... ¿qué es lo que nos molesta de los colectivos? Bah, más que de los colectivos, de los colectivos argentinos. Porque uno ve los bien cuidados, con aire acondicionado y choferes felices colectivos que pueblan el mundo. ¿Y en Argentina? Bueno, en Argentina la cosa es diferente.
Partamos de las colas kilométricas que nos esperan en las paradas. Sumados al frío/calor insufrible de la city porteña. A todo esto, le agregamos los largos (casi que parecen horas) minutos que tarda el colectivo en llegar a la parada en la que estamos situados.
Diez.
Veinte.
Treinta.
¡¿Cuarenta?! minutos
Sí, hasta una hora quizás. Los más agraciados, cuando llegan a la parada, llega el colectivo. Esos malditos suertudos...
Cuando subimos al colectivo, pensamos que ya pasó la peor parte, pero no. Lo peor está por venir.
- $1.25 - le decimos al colectivero forzando una sonrisa y no putearlo debido a la cantidad de tiempo que nos hizo esperar y que casi sigue de largo sin dejar que vos te subas.
Él, con cara de pocos amigos, hace que saques el boleto y te vayas a sentar. O a ubicar, porque NUNCA va a haber un lugar libre y, si lo hay, siempre una persona no tan mayor ventajera se sienta primero. El viaje, siempre es tranquilo... interiormente hablando, claro está.
Grupalmente, el aire es tenso. Siempre hay alguien que te mira y uno nunca descifra del todo esas miradas. Además, de que el vaivén y el paro abrupto del transporte hace que te golpees, codees y pises a todo el mundo, lo que hace que el viaje se vuelva un "perdón" permanente. Hablando de perdón, también podríamos nombrar los permisos: son pocos los educados que nombran esa palabra. Siempre te corren, te pisan o te aplastan.
Durante el viaje, puede pasar que el colectivero hable con el otro y se cuelgue hablando (dale, flaco, quiero llegar a mi casa); que se le pinche la goma al colectivo (para los menos afortunados) o que algunos locos se empiecen a pelear finalizando con la bajada de uno de ellos del colectivo y el otro pidiendo perdón a los pasajeros.
Una vez que visualizamos la cercanía a nuestro destino, procedemos a tocar el timbre. Si hay mucha gente, uno tiene que prepararse con dos paradas de anticipación pero, en el caso de que no haya nadie bloqueando la salida cosa que es muy rara, se dirige directamente y salta (digo salta porque nunca el transporte frena definitivamente, sino que uno tiene que hacer su mejor salto al estilo "misión imposible") para lograr caer en el cordón sin romperse el pie o rodilla.
En fin, el viaje en colectivo en Argentina, más que viaje es un turismo aventura... ¡que lindo viajar en colectivo!
sábado, 4 de junio de 2011
fucking love
Hola.
¿Te conozco? Nos conoceremos.
Chau.
Te quiero; Sos muy linda; Sos divina.
¿Salimos? Sí (primer error)
Encuentro; Beso; Te adoro; Llamame
Mensaje; ¿Salimos otra vez?; Sí (segundo error)
Te amo; No sé lo que siento; Te amo; Te amo.
¿Somos novios?; No; Sí; Nadie lo sabe; Todos lo saben; Lo saben los amigos; Todos lo saben.
Cortamos.
Beso.
Volvemos: Idas; Vueltas; Histérica; Inmaduro; Complicada.
¿Somos novios? Sí; No; No; Sí; Sí; Sí.
Te amo; Te amo.
Dudo.
Te amo; No te quiero más.
Te quiero; No se.
Te amo; Voví a amarte.
¿Final feliz?
¿Te conozco? Nos conoceremos.
Chau.
Te quiero; Sos muy linda; Sos divina.
¿Salimos? Sí (primer error)
Encuentro; Beso; Te adoro; Llamame
Mensaje; ¿Salimos otra vez?; Sí (segundo error)
Te amo; No sé lo que siento; Te amo; Te amo.
¿Somos novios?; No; Sí; Nadie lo sabe; Todos lo saben; Lo saben los amigos; Todos lo saben.
Cortamos.
Beso.
Volvemos: Idas; Vueltas; Histérica; Inmaduro; Complicada.
¿Somos novios? Sí; No; No; Sí; Sí; Sí.
Te amo; Te amo.
Dudo.
Te amo; No te quiero más.
Te quiero; No se.
Te amo; Voví a amarte.
¿Final feliz?
lunes, 2 de mayo de 2011
Lluvia, ¡me cagaste el finde!
Uno nunca planea estas cosas. Y, menos que menos, se las espera. Ni te digo a esta edad, cuando nadie te para. Pero últimamente, me planteo la existencia de la lluvia.
No le encuentro mucho sentido, digo, en una ciudad como la nuestra. Quizá en la selva amazónica sirva en demasía o hasta puede llegar a ser milagrosa en el medio de un desierto. Pero, ¿qué culpa tengo yo de que les sirva en la selva? ¡Que llueva en la selva entonces!
La cuestión no finaliza en este punto; va mucho más allá. Porque, si bien más de uno se habrá planteado lo mismo que yo, lo importante y lo que más nos interesa es: ¿por qué llueve los fines de semana? De domingo a jueves, hay un sol que raja la tierra y unos 40º que te hacen sentir miserable a semejante exposicion, pero los viernes y sábado se cae el mundo abajo. "Why?" nos preguntamos todos al borde del llanto y la desesperación...
Pero, ¡no nos preocupemos muchachos! Como dije antes, ni la lluvia nos para. No nos importa nada, de nada... salimos a las doce de la noche con una lluvia finita que cae lentamente. Tu mamá se preocupa y te pregunta: ¿vas a salir así? viendo que tenes nada más que una pollera y una remera bastante corta.
"Sí, no hace frío"; le respondemos. En realidad, queremos convencernos a nosotros mismos.
Cuando salimos y empezamos a caminar, no llueve. Entramos al boliche/bar/casa. Todo perfecto, ni una gota. Planchado perfecto, pintura perfecta.
5.30, 6 de la mañana salimos del lugar. Llueve torrencialmente. Caminamos hacia el medio de transporte que nos lleva a casa. En el medio, pisamos baldosas flojas que hacen que nos enchastremos hasta la rodilla, caminamos sobre barro que lo único que logra es enterrarnos el taco del zapato, pisamos hojas que hacen que nos resbalemos y nos mojamos hasta tal punto que llegamos chorreando a nuestra casa.
Puteando a Macri (en vez de hacer bicisendas y recitales en Parque Roca, ¿por qué no arreglas las calles para que no nos pase esto la puta madre?; Macri, la concha de tu madre, ¿no pensas en nosotros?) volvimos a nuestros hogares. Los mayores ni se percatan de que llegamos. Nos acostamos... parecemos un oso panda de como nos quedó el maquillaje y del frío que tenemos se nos pone la piel de gallina. Al otro día, cuando te preguntan si tuviste frío, vos con tu mejor cara para mentir decis: no, estuve bien (:
Conclusión:
1. Sí a salir hasta en los días de lluvia!
2. A los adolescentes no nos modifica la vida el clima.
3. Macri, si queres los votos de los nuevos adultos del 2011, mejor arregla las calles para que esto no pase y dejate de joder con las bicisendas.
No le encuentro mucho sentido, digo, en una ciudad como la nuestra. Quizá en la selva amazónica sirva en demasía o hasta puede llegar a ser milagrosa en el medio de un desierto. Pero, ¿qué culpa tengo yo de que les sirva en la selva? ¡Que llueva en la selva entonces!
La cuestión no finaliza en este punto; va mucho más allá. Porque, si bien más de uno se habrá planteado lo mismo que yo, lo importante y lo que más nos interesa es: ¿por qué llueve los fines de semana? De domingo a jueves, hay un sol que raja la tierra y unos 40º que te hacen sentir miserable a semejante exposicion, pero los viernes y sábado se cae el mundo abajo. "Why?" nos preguntamos todos al borde del llanto y la desesperación...
Pero, ¡no nos preocupemos muchachos! Como dije antes, ni la lluvia nos para. No nos importa nada, de nada... salimos a las doce de la noche con una lluvia finita que cae lentamente. Tu mamá se preocupa y te pregunta: ¿vas a salir así? viendo que tenes nada más que una pollera y una remera bastante corta.
"Sí, no hace frío"; le respondemos. En realidad, queremos convencernos a nosotros mismos.
Cuando salimos y empezamos a caminar, no llueve. Entramos al boliche/bar/casa. Todo perfecto, ni una gota. Planchado perfecto, pintura perfecta.
5.30, 6 de la mañana salimos del lugar. Llueve torrencialmente. Caminamos hacia el medio de transporte que nos lleva a casa. En el medio, pisamos baldosas flojas que hacen que nos enchastremos hasta la rodilla, caminamos sobre barro que lo único que logra es enterrarnos el taco del zapato, pisamos hojas que hacen que nos resbalemos y nos mojamos hasta tal punto que llegamos chorreando a nuestra casa.
Puteando a Macri (en vez de hacer bicisendas y recitales en Parque Roca, ¿por qué no arreglas las calles para que no nos pase esto la puta madre?; Macri, la concha de tu madre, ¿no pensas en nosotros?) volvimos a nuestros hogares. Los mayores ni se percatan de que llegamos. Nos acostamos... parecemos un oso panda de como nos quedó el maquillaje y del frío que tenemos se nos pone la piel de gallina. Al otro día, cuando te preguntan si tuviste frío, vos con tu mejor cara para mentir decis: no, estuve bien (:
Conclusión:
1. Sí a salir hasta en los días de lluvia!
2. A los adolescentes no nos modifica la vida el clima.
3. Macri, si queres los votos de los nuevos adultos del 2011, mejor arregla las calles para que esto no pase y dejate de joder con las bicisendas.
lunes, 11 de abril de 2011
Cronología del "que me pongo"
ADVERTENCIA ATP: Esta es una historia basada en un hecho real. Cualquier semejanza con la realidad es totalmente intencional.
ADVERTENCIA PARA GÉNERO MASCULINO: Esto es un llamado a la solidaridad. Si sos padre/hermano/tío/primo/amigo/novio/ex, vas a entender lo que se habla. Por favor, terminemos con este karma e injusticia y regalenle ropa a las mujeres, en vez de cosas inservibles que son perfectas para ustedes.
Lunes; 12 hs.
¿Qué hacemos el fin de semana? Lluvia de propuestas, variadísima. Se elige la misma que la del finde pasado.
Martes; 15 hs. Charla entre mejores amigas.
- Boluda, no se que ponerme
- Yo tampoco, ¿queres que te preste algo?
- Bueno, dale. ¿Cualquier cosa, me acompañas a el localcito ese que fuimos el otro día a ver si veo algo que me guste?
- Sí, dale, decime cuando y veo si me compro algo yo también que tampoco tengo nada.
Miércoles; 17hs.
Amiga 1: dio vuelta todo su placard para encontrar un par de zapatos.
Amiga 2: dio vuelta su placard y el de su hermana para encontrar una remera que no le marque la cintura.
Resultado: seguimos en la misma que el lunes: "no tengo que ponerme".
Jueves; 18 hs.
Amiga 1: resolvió su problema pidiendo todo prestado. Ella, en su placard, "no tiene nada".
Amiga 2: resolvió su problema, menos la remera, pidiendo todo prestado. Ídem. amiga 1.
Viernes; 19hs.
Recta final. En unas pocas horas se concreta la salida planificada con tanta anticipación y todavía no tenemos que ponernos. Salimos corriendo al local que nunca nos falla, ese donde siempre encontramos algo que nos gusta.
"Dos colectivos nos dejan en la puerta", pensamos mientras esperamos al primero que, como todas las fucking veces que estamos por ir a comprar ropa, tarda una eternidad. Rezamos, imploramos y hasta juramos cosas impensables con tal de que no esté cerrado.
Una vez que llegamos al local (después de sobrevivir a los dos colectivos, obviamente), entramos y la vendedora nos saluda con una amplia sonrisa. Claro, ya nos conoce. Debe ser la quinta "remerita", el sexto jean y el decimonoveno accesorio que compramos ahí.
Como buenas mujeres que somos, empezamos por las ofertas. "Siempre hay algo lindo ahí", pensamos con la esperanza que de esta vez estemos en lo cierto.
Revolvemos, revolvemos, revolvemos. Así, como diez veces hasta que nos rendimos, al darnos cuenta de que en esos $19,99 sólo se encuentran talles aptos para cualquier persona que haya hecho ayuno una cuaresma entera o, en el caso de los talles normales, son para personas, digamos, extrañas al momento de vestirse.
Una vez que perdimos las esperanzas con la caja de ofertas, vamos a lo seguro. Percha vuela por la derecha, por la izquierda, nos la colgamos en el hombro y se la damos a la chica. "¿Talle como para mí no tenes?" le decimos, pensando que la mujer es adivina y sabe exactamente el talle, no que somos, sino que usamos; mientras que todos sabemos que es una simple vendedora de ropa.
"¿Me puedo probar estos tres?" Le preguntamos, al mismo tiempo que la chica nos señala con el dedo el cambiador más cercano.
Entramos. Todo semioscuro. Nunca entendí como a nadie se le ocurrió poner un boliche ahí adentro. Agarramos la primera remera, la que más nos gustó. Pasamos la cabeza, perfecto. Pasamos el primer brazo, haciendo una fuerza sobrenatural para que pase en esa manga para muñeca barbie que le ponen. ¡Pasó! Nos miramos al espejo, y se nos ocurren tres opciones:
1. Somos totalmente deformes.
2. Esa remera no está hecha para mí.
3. Ese espejo con esas luces nos hacen ver veinte años más viejos y diez kilos más gordas.
En menos de diez minisegundos, pensamos en tres cosas básicas, que siempre decimos cuando vamos a comparanos ropa:
1. Mañana me pongo a dieta y bajo diez kilos (la moda no está hecha para nosotras, sino para gente como Valeria Mazza e Ingrid Grudke... ¿cómo hacen para que todo les quede bien, aún después de haber parido?)
2. Junto mis ahorros y me compro un vestuario como el de la chica de la propaganda de Heineken (¿cuántos boquetes tengo que hacer en los bancos para tener un guardarropas así?)
3. Preguntas existenciales: Los que diseñan ropa, ¿en quién se basan? ¿quién los manda a combinar así los colores? ¿Sabrán las verdaderas medidas de la mujer?
Después de decidir cuál de las dos opciones es la más conveniente para nosotras, nos probamos la segunda. Entró perfecta. Ese corte oculta todas las imperfecciones (aunque no las arregla) y las mangas tapan esa parte que no nos gusta de nuestros brazos. ESA es la remera.
Salimos y pagamos la dolorosa suma de dinero que sale ese hermoso bien que después de cinco minutos va a ser nuestra. Sonreímos a la vendedora y con un tímido "gracias", salimos del local.
Misión cumplida. Tenemos nuestra remera y todavía un par de horas para arreglarnos a piacere.
Viernes 24hs; se concreta la salida. Charla entre las dos amigas.
- Ay! al final, le saqué una remerita a mi hermana, los zapatos a mi mamá y los accesorios a mi prima... ¡que linda remera!
- ¡Gracias! La encontré por ahí de casualidad y me la compré (:
ADVERTENCIA PARA GÉNERO MASCULINO: Esto es un llamado a la solidaridad. Si sos padre/hermano/tío/primo/amigo/novio/ex, vas a entender lo que se habla. Por favor, terminemos con este karma e injusticia y regalenle ropa a las mujeres, en vez de cosas inservibles que son perfectas para ustedes.
Lunes; 12 hs.
¿Qué hacemos el fin de semana? Lluvia de propuestas, variadísima. Se elige la misma que la del finde pasado.
Martes; 15 hs. Charla entre mejores amigas.
- Boluda, no se que ponerme
- Yo tampoco, ¿queres que te preste algo?
- Bueno, dale. ¿Cualquier cosa, me acompañas a el localcito ese que fuimos el otro día a ver si veo algo que me guste?
- Sí, dale, decime cuando y veo si me compro algo yo también que tampoco tengo nada.
Miércoles; 17hs.
Amiga 1: dio vuelta todo su placard para encontrar un par de zapatos.
Amiga 2: dio vuelta su placard y el de su hermana para encontrar una remera que no le marque la cintura.
Resultado: seguimos en la misma que el lunes: "no tengo que ponerme".
Jueves; 18 hs.
Amiga 1: resolvió su problema pidiendo todo prestado. Ella, en su placard, "no tiene nada".
Amiga 2: resolvió su problema, menos la remera, pidiendo todo prestado. Ídem. amiga 1.
Viernes; 19hs.
Recta final. En unas pocas horas se concreta la salida planificada con tanta anticipación y todavía no tenemos que ponernos. Salimos corriendo al local que nunca nos falla, ese donde siempre encontramos algo que nos gusta.
"Dos colectivos nos dejan en la puerta", pensamos mientras esperamos al primero que, como todas las fucking veces que estamos por ir a comprar ropa, tarda una eternidad. Rezamos, imploramos y hasta juramos cosas impensables con tal de que no esté cerrado.
Una vez que llegamos al local (después de sobrevivir a los dos colectivos, obviamente), entramos y la vendedora nos saluda con una amplia sonrisa. Claro, ya nos conoce. Debe ser la quinta "remerita", el sexto jean y el decimonoveno accesorio que compramos ahí.
Como buenas mujeres que somos, empezamos por las ofertas. "Siempre hay algo lindo ahí", pensamos con la esperanza que de esta vez estemos en lo cierto.
Revolvemos, revolvemos, revolvemos. Así, como diez veces hasta que nos rendimos, al darnos cuenta de que en esos $19,99 sólo se encuentran talles aptos para cualquier persona que haya hecho ayuno una cuaresma entera o, en el caso de los talles normales, son para personas, digamos, extrañas al momento de vestirse.
Una vez que perdimos las esperanzas con la caja de ofertas, vamos a lo seguro. Percha vuela por la derecha, por la izquierda, nos la colgamos en el hombro y se la damos a la chica. "¿Talle como para mí no tenes?" le decimos, pensando que la mujer es adivina y sabe exactamente el talle, no que somos, sino que usamos; mientras que todos sabemos que es una simple vendedora de ropa.
"¿Me puedo probar estos tres?" Le preguntamos, al mismo tiempo que la chica nos señala con el dedo el cambiador más cercano.
Entramos. Todo semioscuro. Nunca entendí como a nadie se le ocurrió poner un boliche ahí adentro. Agarramos la primera remera, la que más nos gustó. Pasamos la cabeza, perfecto. Pasamos el primer brazo, haciendo una fuerza sobrenatural para que pase en esa manga para muñeca barbie que le ponen. ¡Pasó! Nos miramos al espejo, y se nos ocurren tres opciones:
1. Somos totalmente deformes.
2. Esa remera no está hecha para mí.
3. Ese espejo con esas luces nos hacen ver veinte años más viejos y diez kilos más gordas.
En menos de diez minisegundos, pensamos en tres cosas básicas, que siempre decimos cuando vamos a comparanos ropa:
1. Mañana me pongo a dieta y bajo diez kilos (la moda no está hecha para nosotras, sino para gente como Valeria Mazza e Ingrid Grudke... ¿cómo hacen para que todo les quede bien, aún después de haber parido?)
2. Junto mis ahorros y me compro un vestuario como el de la chica de la propaganda de Heineken (¿cuántos boquetes tengo que hacer en los bancos para tener un guardarropas así?)
3. Preguntas existenciales: Los que diseñan ropa, ¿en quién se basan? ¿quién los manda a combinar así los colores? ¿Sabrán las verdaderas medidas de la mujer?
Después de decidir cuál de las dos opciones es la más conveniente para nosotras, nos probamos la segunda. Entró perfecta. Ese corte oculta todas las imperfecciones (aunque no las arregla) y las mangas tapan esa parte que no nos gusta de nuestros brazos. ESA es la remera.
Salimos y pagamos la dolorosa suma de dinero que sale ese hermoso bien que después de cinco minutos va a ser nuestra. Sonreímos a la vendedora y con un tímido "gracias", salimos del local.
Misión cumplida. Tenemos nuestra remera y todavía un par de horas para arreglarnos a piacere.
Viernes 24hs; se concreta la salida. Charla entre las dos amigas.
- Ay! al final, le saqué una remerita a mi hermana, los zapatos a mi mamá y los accesorios a mi prima... ¡que linda remera!
- ¡Gracias! La encontré por ahí de casualidad y me la compré (:
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