viernes, 10 de junio de 2011

lindo transporte.

Esos momentos en que uno desearía ser adinerado. ¿Para qué? Para comprarse un auto. Sí, en esos momentos a nadie le interesa el bienestar de la salud o emocional ni realizarse como personas siendo felices... lo único que nos interesa es comprarnos un auto y mirar a los que van al colectivo con cara de pena.
Pero hay algo que ni yo ni nadie entiende... ¿qué es lo que nos molesta de los colectivos? Bah, más que de los colectivos, de los colectivos argentinos. Porque uno ve los bien cuidados, con aire acondicionado y choferes felices colectivos que pueblan el mundo. ¿Y en Argentina? Bueno, en Argentina la cosa es diferente.






Partamos de las colas kilométricas que nos esperan en las paradas. Sumados al frío/calor insufrible de la city porteña. A todo esto, le agregamos los largos (casi que parecen horas) minutos que tarda el colectivo en llegar a la parada en la que estamos situados.
Diez.
Veinte.
Treinta.
¡¿Cuarenta?! minutos
Sí, hasta una hora quizás. Los más agraciados, cuando llegan a la parada, llega el colectivo. Esos malditos suertudos...
Cuando subimos al colectivo, pensamos que ya pasó la peor parte, pero no. Lo peor está por venir.
- $1.25 - le decimos al colectivero forzando una sonrisa y no putearlo debido a la cantidad de tiempo que nos hizo esperar y que casi sigue de largo sin dejar que vos te subas.
Él, con cara de pocos amigos, hace que saques el boleto y te vayas a sentar. O a ubicar, porque NUNCA va a haber un lugar libre y, si lo hay, siempre una persona no tan mayor ventajera se sienta primero. El viaje, siempre es tranquilo... interiormente hablando, claro está.
Grupalmente, el aire es tenso. Siempre hay alguien que te mira y uno nunca descifra del todo esas miradas. Además, de que el vaivén y el paro abrupto del transporte hace que te golpees, codees y pises a todo el mundo, lo que hace que el viaje se vuelva un "perdón" permanente. Hablando de perdón, también podríamos nombrar los permisos: son pocos los educados que nombran esa palabra. Siempre te corren, te pisan o te aplastan.
Durante el viaje, puede pasar que el colectivero hable con el otro y se cuelgue hablando (dale, flaco, quiero llegar a mi casa); que se le pinche la goma al colectivo (para los menos afortunados) o que algunos locos se empiecen a pelear finalizando con la bajada de uno de ellos del colectivo y el otro pidiendo perdón a los pasajeros.
Una vez que visualizamos la cercanía a nuestro destino, procedemos a tocar el timbre. Si hay mucha gente, uno tiene que prepararse con dos paradas de anticipación pero, en el caso de que no haya nadie bloqueando la salida cosa que es muy rara, se dirige directamente y salta (digo salta porque nunca el transporte frena definitivamente, sino que uno tiene que hacer su mejor salto al estilo "misión imposible") para lograr caer en el cordón sin romperse el pie o rodilla.
En fin, el viaje en colectivo en Argentina, más que viaje es un turismo aventura... ¡que lindo viajar en colectivo!

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