lunes, 11 de abril de 2011

Cronología del "que me pongo"

ADVERTENCIA ATP: Esta es una historia basada en un hecho real. Cualquier semejanza con la realidad es totalmente intencional.
ADVERTENCIA PARA GÉNERO MASCULINO: Esto es un llamado a la solidaridad. Si sos padre/hermano/tío/primo/amigo/novio/ex, vas a entender lo que se habla. Por favor, terminemos con este karma e injusticia y regalenle ropa a las mujeres, en vez de cosas inservibles que son perfectas para ustedes.






Lunes; 12 hs.
¿Qué hacemos el fin de semana? Lluvia de propuestas, variadísima. Se elige la misma que la del finde pasado.


Martes; 15 hs. Charla entre mejores amigas.
- Boluda, no se que ponerme
- Yo tampoco, ¿queres que te preste algo?
- Bueno, dale. ¿Cualquier cosa, me acompañas a el localcito ese que fuimos el otro día a ver si veo algo que me guste?
- Sí, dale, decime cuando y veo si me compro algo yo también que tampoco tengo nada.


Miércoles; 17hs.
Amiga 1: dio vuelta todo su placard para encontrar un par de zapatos.
Amiga 2: dio vuelta su placard y el de su hermana para encontrar una remera que no le marque la cintura.
Resultado: seguimos en la misma que el lunes: "no tengo que ponerme".


Jueves; 18 hs.
Amiga 1: resolvió su problema pidiendo todo prestado. Ella, en su placard, "no tiene nada".
Amiga 2: resolvió su problema, menos la remera, pidiendo todo prestado. Ídem. amiga 1.


Viernes; 19hs.
Recta final. En unas pocas horas se concreta la salida planificada con tanta anticipación y todavía no tenemos que ponernos. Salimos corriendo al local que nunca nos falla, ese donde siempre encontramos algo que nos gusta.
"Dos colectivos nos dejan en la puerta", pensamos mientras esperamos al primero que, como todas las fucking veces que estamos por ir a comprar ropa, tarda una eternidad. Rezamos, imploramos y hasta juramos cosas impensables con tal de que no esté cerrado. 
Una vez que llegamos al local (después de sobrevivir a los dos colectivos, obviamente), entramos y la vendedora nos saluda con una amplia sonrisa. Claro, ya nos conoce. Debe ser la quinta "remerita", el sexto jean y el decimonoveno accesorio que compramos ahí.
Como buenas mujeres que somos, empezamos por las ofertas. "Siempre hay algo lindo ahí", pensamos con la esperanza que de esta vez estemos en lo cierto.
Revolvemos, revolvemos, revolvemos. Así, como diez veces hasta que nos rendimos, al darnos cuenta de que en esos $19,99 sólo se encuentran talles aptos para cualquier persona que haya hecho ayuno una cuaresma entera o, en el caso de los talles normales, son para personas, digamos, extrañas al momento de vestirse.
Una vez que perdimos las esperanzas con la caja de ofertas, vamos a lo seguro. Percha vuela por la derecha, por la izquierda, nos la colgamos en el hombro y se la damos a la chica. "¿Talle como para mí no tenes?" le decimos, pensando que la mujer es adivina y sabe exactamente el talle, no que somos, sino que usamos; mientras que todos sabemos que es una simple vendedora de ropa.
"¿Me puedo probar estos tres?" Le preguntamos, al mismo tiempo que la chica nos señala con el dedo el cambiador más cercano.


Entramos. Todo semioscuro. Nunca entendí como a nadie se le ocurrió poner un boliche ahí adentro. Agarramos la primera remera, la que más nos gustó. Pasamos la cabeza, perfecto. Pasamos el primer brazo, haciendo una fuerza sobrenatural para que pase en esa manga para muñeca barbie que le ponen. ¡Pasó! Nos miramos al espejo, y se nos ocurren tres opciones:
1. Somos totalmente deformes.
2. Esa remera no está hecha para mí.
3. Ese espejo con esas luces nos hacen ver veinte años más viejos y diez kilos más gordas.


En menos de diez minisegundos, pensamos en tres cosas básicas, que siempre decimos cuando vamos a comparanos ropa:
1. Mañana me pongo a dieta y bajo diez kilos (la moda no está hecha para nosotras, sino para gente como Valeria Mazza e Ingrid Grudke... ¿cómo hacen para que todo les quede bien, aún después de haber parido?)
2. Junto mis ahorros y me compro un vestuario como el de la chica de la propaganda de Heineken (¿cuántos boquetes tengo que hacer en los bancos para tener un guardarropas así?)
3. Preguntas existenciales: Los que diseñan ropa, ¿en quién se basan? ¿quién los manda a combinar así los colores? ¿Sabrán las verdaderas medidas de la mujer?


Después de decidir cuál de las dos opciones es la más conveniente para nosotras, nos probamos la segunda. Entró perfecta. Ese corte oculta todas las imperfecciones (aunque no las arregla) y las mangas tapan esa parte que no nos gusta de nuestros brazos. ESA es la remera.
Salimos y pagamos la dolorosa suma de dinero que sale ese hermoso bien que después de cinco minutos va a ser nuestra. Sonreímos a la vendedora y con un tímido "gracias", salimos del local.
Misión cumplida. Tenemos nuestra remera y todavía un par de horas para arreglarnos a piacere.


Viernes 24hs; se concreta la salida. Charla entre las dos amigas.
- Ay! al final, le saqué una remerita a mi hermana, los zapatos a mi mamá y los accesorios a mi prima... ¡que linda remera! 
- ¡Gracias! La encontré por ahí de casualidad y me la compré (: 

domingo, 10 de abril de 2011

somebody to love

Nunca comprendí que pasó. Nunca lo comprenderé: ¿cómo fue que no nos dimos cuenta? Nos dejamos llevar, eso es obvio. Te dejaste llevar; a nadie le importó.
¿Y a mi? Menos.
Mi grito mudo nunca se calló. Sigue ahí, vivo en el silencio ansioso de ser escuchado por alguien. Ahora, la pregunta sería... ¿por quién?
A vos no te importa. A mi sí.
Nunca dijimos que teníamos que querernos; nunca nadie lo pautó. Pero, ¿quién le dice a mi corazón que no?
Nunca dijimos que nos teníamos que enamorar. Nunca nadie lo pautó. Pero, ¿quién le dice a tu corazón que no?
Mejor dejemoslo así. Mejor olvidemos todo. 
¡Chau amor! ¡Que tengas buena vida! ¡Que seas muy feliz y regreses algún día!

que buen final feliz!

Fue ESA sensasación. Fue ESE sentimiento. ESO que nunca más quiero volver a sentir.
Saber que no estás. Sabes que estuviste. Saber que, quizá, algún día te vuelva a ver. Sólo quizá.
¡Destino taimado! ¡Destino loco! ¿Por qué no existen los finales felices?
No se si te volveré a ver. Ni yo ni nadie lo sabe. Lo único que si se es que me cuidaste y me cuidarás siempre; sin dejarme caer pero si tropezar. Lo único que se es que sos mucho más feliz ahora, donde nada duele y nada amarga.
Todo sea por tu final feliz.





sábado, 9 de abril de 2011

cambiemos aires.

Creo que todos necesitamos esto.
Creo que todos merecemos esto.
¿Esto?
Si, esto. Desconectarnos de la realidad. Desconectarnos de quienes somos y poder disfrutar de otra vida paralela.
En estos momentos, tendría que estar pidiendole perdón al Pity, a Hernán y a Roberto...
¡Perdón! Pero, señores, Carlitos les ganó esta noche, seguido por Enrique y Ricardo.
Yo, que me considero toda una rockera de alma que se sabe las canciones de pe a pa, estoy un sábado a la una de la mañana escuchando una canción que no solo invita a cortarse las venas a quienes no tienen novio, sino que también unas ganas de llorar impresionante que se van cuando la lágrima ya recorre tu cachete (en mi caso, prominente).
Okey, seré uno de esos boludos que uno lee en tu secreto que se la dan de machos cuando están con sus amigos pero cuando están solos bailan "Girls wanna have fun"... ¡Boludos, pero felices!


No se, se me dio escuchar esta música.
No se, se me dio el amor a Carlitos.
No se, Ricardito me hace bien. 
No se, me picó el bicho de lo tranqui; me picó el bicho de querer cambiar...
sólo por hoy.





(quiero regalarte besos importantes para que me extrañes si no estoy delante y me pienses siempre cuando estoy de viajeee  )

jueves, 7 de abril de 2011

aprendiendo.







Aprendí que la vida no tiene marcha atrás. 
Aprendí a callar lo que debo y gritar lo que siento.
Aprendí que la vida es una película: es mucho más interesante que lo que todos piensan.
Aprendí que ahogando mis penas no soluciono nada, pero si  puedo llegar a divertirme.
Aprendí que las risas con amigos hace bien al alma.
Aprendí que los llantos por lo debido, también.
Aprendí que las cosas no salen como queremos.
Aprendí que pocos son los amigos para siempre.
Aprendí que nunca se puede, pero tampoco siempre se quiere.
Aprendí que viviendo, las cosas se van dando.
Aprendí a esperar cosas de la gente que debo.
Aprendí que si uno no se arriesga, nada sucede. 
Aprendí que aprendiendo, las cosas salen mejor.
Aprendí que, sin darme cuenta, aprendí viviendo.

miércoles, 6 de abril de 2011

no me olvides.

Ella era feliz. Feliz, feliz, feliz. A ella le gustaba estar con él, escuchar sus historias. Ella disfrutaba viendo su sonrisa y escuchándolo reír. Quería tenerlo junto a ella para siempre.
Él era feliz por ella. A él le gustaba compartir tiempo con ella, que escuche sus historias. Él disfrutaba viendo su sonrisa y escuchándola reír. Él quería estar con ella para siempre.
A ella le gustaba arreglarse; a él andar desalineado.
A ella le gustaba mimarlo; a él observarla.
A ella le gustaba su vida; a él también.
Un día, se dieron cuenta que sus manos no seguirían juntas para siempre. Poco a poco, esos dedos entrelazados hacía mucho tiempo ya, comenzaron a desprenderse.
"No me olvides" pidió ella antes de partir.
"Nunca", juró.
Y él continúa acá: esperando su reencuentro. Él sigue esperando el momento en que puedan verse las caras otra vez. Él espera vivir eternamente con ella, con la única que lo hizo realmente lo hizo feliz.
Él no es feliz. Él continúa por ellos que no lo dejan caer, que niegan a soltar su mano.
Ellos ahora comprendieron lo que él comprendió hace rato: que las manos no pueden estar unidas para siempre y que a veces lo mejor es lo que no queremos.
Ella les habla. Los cuida, los mima. Ellos no la sienten, pero saben que está ahí.
Él la siente. Siente sus mimos, como los sintió toda su vida; siente su vos y hasta siente su olor. 
Lo que él no sabe, es que ella nunca se fue. Que sus almas continúan juntas en todo momento y en todo lugar.
Lo que él no sabe, es que ella lo espera y que nunca lo olvidó.





lunes, 4 de abril de 2011

forever and ever

A mi me gustaría saber si todo esto no es una foto. Me gustaría saber si el tiempo es tiempo y la sonrisa, sonrisa.
A mi me gustaría tenerte siempre conmigo. Siempre siempre siempre, pero también me gustaría que estés donde vos queres estar, no donde yo quiero que estes.
A mi me gustaría dejar de verte mal, y conocer de nuevo tu sonrisa.
Toda la vida pasó como una foto. Como una foto. No hay antes ni después. No hay ahora; no hay ya.
Quiero que termine todo esto. Quiero que todo esto sea una foto.
¿Quiero que todo esto sea una foto? Quizá. Solamente quizá.
Todo terminó tan rápido y ocurrió tan lento. Como una flor: nace tan lento y muere tan rápido.
Quiero que vos seas mi flor. Quiero que dures para siempre en mi memoria y vivas conmigo el tiempo que mereces; aunque yo diga que tenes que ser eterno.
Me cuesta escribirte, expresar lo que siento. Me cuesta pensar, que quizá, sólo quizá, las cosas sean mejores como marchan ahora.

just different.

Sus caderas bailan al caminar con sólo escuchar el clack de sus tacos.
Su pelo teñido esconde su cara tras ese flequillo perfectamente planchado.
Sus ojos resaltan con el delineado, haciendo juego con la sombra e iluminadas por ese brillo del espejo en que se reflejan.
Me miré; las miré: difícilmente podría parecerme a ellas.
Mis caderas son anchas. Tan anchas que no entran en lo estipulado por ellas. 
Mis ojos, siempre naturales.
Mis pies rozan el piso por la poca plantilla que mis zapatillas sucias llevan dentro.
Mi pelo atado, en un rodete que resalta mi eje de gravedad.

¿Desinteresada? ¿Loca? ¿Estúpida? No, simplemente diferente.
¿Qué tiene de malo ser diferente? ¿Qué tiene de malo estar, quizá a los ojos de los demás, un poco loca?
Para mí, nada. Es por eso que soy así.