Son esas situaciones de la vida que uno nunca puede dominar. Si puede predecirlas, entenderlas (superficialmente, claro), intentar buscar una solución. Pero nunca llegará a dominarlas en cuanto sea el momento.
¿A qué momento hago referencia en este preciso momento? Cuando uno se da cuenta que deja atrás cierta parte de la juventud, cuando uno cae en que se le terminó la joda: LA FINALIZACIÓN DEL SECUNDARIO. Y no crean que me hago la dramática porque lo estoy viviendo, sino que es así. O sea, uno cuando termina el secundario sabe lo que se viene. Sabe que va a tener que empezar a estudiar, que va a tener que empezar a tener responsabilidades de mayor rango a las que ya tenía, que las cosas van a empezar a dificultarse un poco más. Y todos te dicen: "ahora vas a ver lo que es la vida" (gracias por recordarmelo la reconcha de tu madre). Pero bueno, las cosas son así, el paso del tiempo nadie lo puede detener y hace unos pocos días, 5º BOD 2011 se despidió del colegio como curso. Triste, feliz, triste feliz, triste. Dejemoslo ahí mejor.
viernes, 16 de diciembre de 2011
sábado, 10 de diciembre de 2011
Mamás: una necesidad
¿Cuántas veces dijimos: mi vieja está loca? O una frase que representa muchísimo mejor esta nota: "¡no la soporto más!".
Porque es verdad, todos los adolescentes decimos eso. Todos los adolescentes soñamos con la independencia, con el no vivir más con nuestros viejos, todos queremos tener total libertad sobre nuestras decisiones, todos queremos que nuestras mamás no estén a nuestro lado todo el tiempo. Aunque hay que convenir, también, que es verdad que decimos "mamá, vení", cuando queremos algo; "maaaa", cuando necesitamos algo; "mami", cuando no encontramos algo o el nunca mejor usado "vieja", cuando queremos mostrarle algo de lo que seguro, se va a sentir orgullosa. Porque es así, nosotros "no queremos" a nuestras mamás. Y ¿por qué lo pongo entre comillas? porque en realidad, no las queremos: las amamos, sólo que no nos da el valor para decírselo. Insisto en que el amor que es más difícil de expresar, es el de una madre. Porque es ella la que está cuando nos sentimos mal, cuando lloramos, cuando le gritamos a alguien, cuando algo nos pasa. Y si es así, es porque ella también nos ama, sólo que para ella es muchísimo más fácil demostrarlo. Convengamos que desde que nacimos, que nuestra querida "viejita" nos está dando todo. El alimento, la protección, el hacernos las cosas... Cuando crecemos, no la queremos ver cerca, deseamos que se vaya lo más lejos posible, lejos de nuestros amigos, de nuestros vecinos, de nuestro mundo. Pero ella es incansable, siempre esta ahí, ayudándonos, protegiéndonos, alentándonos a seguir. Ya sea desde el personaje principal cuando nacemos, como desde atrás del escenario, cuando ya somos más grandes.
Es así: las madres son una necesidad y, a la vez, un deseo. Es un sentimiento un poco ambiguo lo que expresamos: la queremos cerca pero a la vez desearíamos que esté en el faro del fin del mundo. Lo que estamos seguros de ese sentimiento, es que cada vez la queremos más y ella nos quiere más a nosotros. Es inexplicable y conjuntamente sorprendente.
Porque es verdad, todos los adolescentes decimos eso. Todos los adolescentes soñamos con la independencia, con el no vivir más con nuestros viejos, todos queremos tener total libertad sobre nuestras decisiones, todos queremos que nuestras mamás no estén a nuestro lado todo el tiempo. Aunque hay que convenir, también, que es verdad que decimos "mamá, vení", cuando queremos algo; "maaaa", cuando necesitamos algo; "mami", cuando no encontramos algo o el nunca mejor usado "vieja", cuando queremos mostrarle algo de lo que seguro, se va a sentir orgullosa. Porque es así, nosotros "no queremos" a nuestras mamás. Y ¿por qué lo pongo entre comillas? porque en realidad, no las queremos: las amamos, sólo que no nos da el valor para decírselo. Insisto en que el amor que es más difícil de expresar, es el de una madre. Porque es ella la que está cuando nos sentimos mal, cuando lloramos, cuando le gritamos a alguien, cuando algo nos pasa. Y si es así, es porque ella también nos ama, sólo que para ella es muchísimo más fácil demostrarlo. Convengamos que desde que nacimos, que nuestra querida "viejita" nos está dando todo. El alimento, la protección, el hacernos las cosas... Cuando crecemos, no la queremos ver cerca, deseamos que se vaya lo más lejos posible, lejos de nuestros amigos, de nuestros vecinos, de nuestro mundo. Pero ella es incansable, siempre esta ahí, ayudándonos, protegiéndonos, alentándonos a seguir. Ya sea desde el personaje principal cuando nacemos, como desde atrás del escenario, cuando ya somos más grandes.
Es así: las madres son una necesidad y, a la vez, un deseo. Es un sentimiento un poco ambiguo lo que expresamos: la queremos cerca pero a la vez desearíamos que esté en el faro del fin del mundo. Lo que estamos seguros de ese sentimiento, es que cada vez la queremos más y ella nos quiere más a nosotros. Es inexplicable y conjuntamente sorprendente.
La inseguridad femenina.
Hay algo de lo que las mujeres estamos 100% seguras: NO NOS QUIERE.
Y no importa cuántas pruebas nos demuestren nuestras amigas para decir lo contrario, no importa cuántas veces nos diga él mismo que nos quiere, no importa ninguna demostración de afecto que tengamos. Siempre va a estar eso por lo que aseguremos, juremos y apostemos que no nos quiere, no le interesamos, o no le gustamos.
Porque es así: para nosotras siempre va a haber una chica más linda, una chica más flaca, una chica más copada, una chica más habladora, una chica más pata, una chica a la que le quede bien esa remera que vos te probaste y tuviste ganas de llorar cuando te viste. Siempre, siempre, siempre. No importa cuantas veces ni quien diga lo contrario: nunca vamos a tener el ego alto.
Porque si, la inseguridad tiene ese privilegio medio anecdótico de ser femenina. El ejemplo más simple y más fresco que se nos viene a nuestra mente es en cuestión de ropa: comparemos cuánto tarda una mujer en elegir una remera y cuánto tarda un hombre. No es que seamos vuelteras ni complicadas, es que somos inseguras. De cómo nos va a quedar, de qué nos van a decir, de que con qué lo vamos a combinar. Y así, podemos estar toda la tarde. Entonces, afirmamos que las mujeres somos INSEGURAS. Y si, esas cuestiones pasan por todos lados. Hasta la más segura tiene, dentro de sí, una pizca de inseguridad avergonzada y escondida dentro, que muy pocas veces deja salir.
Lo mismo para todo. Y como los hombres no se dan cuenta de ese factor que se llama inseguridad, suelen llamarnos erróneamente "vuelteras", "complicadas" o mucho peor "HISTÉRICAS". En mi opinión, no hay nada peor que decirle histérica a una mujer. A menos que tu intención sea hacerla enojar y correr por tu vida, por lo menos, la maratón de nike de 10km. Porque no es que las mujeres somos histéricas (si bien, ese nombre fue puesto por una hormona femenina. De allí, su asociación al género), sino que la gente nos hace poner histéricas. Pero bueno, eso puede ser tratado en algún libro cuyo nombre podría llegar a ser "Maneras de alejar a una mujer por el resto de su vida", entre otras variantes. Va a sonar un poco contradictorio en esta nota, un tanto también con una anterior en la que se trató un tema similar, pero las mujeres somos histéricas.
Pero, ¿cómo? ¡Recién me dijiste que estaba mal llamar a una mujer así! Si, lo dije. Está mal que llamen a una mujer histérica, porque es como desatar un volcán en calma, pero eso no quiere decir que no lo seamos. También mencioné que está mal aplicado el término histérica cuando una es insegura, que es algo totalmente diferente, pero basándonos en la corta capacidad de sinónimos que los hombres poseen en su mínimo cerebro, hay algunas mujeres que lo aceptan. Personalmente, pienso que eso es una aberración a la Real Academia Española a la hora de hacer su diccionario de sinónimos y antónimos, que sorprendentemente, está hecho por más de un hombre. Así que podemos concluir como empezamos. Esto es una simple divagación para quien quiere y tenga tiempo de leerlo, para que los hombres puedan, quizás en un futuro no tan remoto, lograr entender a las mujeres un poco más. Y quisiera aclarar que esto está muy lejos de ser un monólogo, aunque bien podría hacerse uno de esto. Muchas gracias (:
Y no importa cuántas pruebas nos demuestren nuestras amigas para decir lo contrario, no importa cuántas veces nos diga él mismo que nos quiere, no importa ninguna demostración de afecto que tengamos. Siempre va a estar eso por lo que aseguremos, juremos y apostemos que no nos quiere, no le interesamos, o no le gustamos.
Porque es así: para nosotras siempre va a haber una chica más linda, una chica más flaca, una chica más copada, una chica más habladora, una chica más pata, una chica a la que le quede bien esa remera que vos te probaste y tuviste ganas de llorar cuando te viste. Siempre, siempre, siempre. No importa cuantas veces ni quien diga lo contrario: nunca vamos a tener el ego alto.
Porque si, la inseguridad tiene ese privilegio medio anecdótico de ser femenina. El ejemplo más simple y más fresco que se nos viene a nuestra mente es en cuestión de ropa: comparemos cuánto tarda una mujer en elegir una remera y cuánto tarda un hombre. No es que seamos vuelteras ni complicadas, es que somos inseguras. De cómo nos va a quedar, de qué nos van a decir, de que con qué lo vamos a combinar. Y así, podemos estar toda la tarde. Entonces, afirmamos que las mujeres somos INSEGURAS. Y si, esas cuestiones pasan por todos lados. Hasta la más segura tiene, dentro de sí, una pizca de inseguridad avergonzada y escondida dentro, que muy pocas veces deja salir.
Lo mismo para todo. Y como los hombres no se dan cuenta de ese factor que se llama inseguridad, suelen llamarnos erróneamente "vuelteras", "complicadas" o mucho peor "HISTÉRICAS". En mi opinión, no hay nada peor que decirle histérica a una mujer. A menos que tu intención sea hacerla enojar y correr por tu vida, por lo menos, la maratón de nike de 10km. Porque no es que las mujeres somos histéricas (si bien, ese nombre fue puesto por una hormona femenina. De allí, su asociación al género), sino que la gente nos hace poner histéricas. Pero bueno, eso puede ser tratado en algún libro cuyo nombre podría llegar a ser "Maneras de alejar a una mujer por el resto de su vida", entre otras variantes. Va a sonar un poco contradictorio en esta nota, un tanto también con una anterior en la que se trató un tema similar, pero las mujeres somos histéricas.
Pero, ¿cómo? ¡Recién me dijiste que estaba mal llamar a una mujer así! Si, lo dije. Está mal que llamen a una mujer histérica, porque es como desatar un volcán en calma, pero eso no quiere decir que no lo seamos. También mencioné que está mal aplicado el término histérica cuando una es insegura, que es algo totalmente diferente, pero basándonos en la corta capacidad de sinónimos que los hombres poseen en su mínimo cerebro, hay algunas mujeres que lo aceptan. Personalmente, pienso que eso es una aberración a la Real Academia Española a la hora de hacer su diccionario de sinónimos y antónimos, que sorprendentemente, está hecho por más de un hombre. Así que podemos concluir como empezamos. Esto es una simple divagación para quien quiere y tenga tiempo de leerlo, para que los hombres puedan, quizás en un futuro no tan remoto, lograr entender a las mujeres un poco más. Y quisiera aclarar que esto está muy lejos de ser un monólogo, aunque bien podría hacerse uno de esto. Muchas gracias (:
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
