martes, 14 de mayo de 2013

Yo tan chiquita, vos tan grande.
Vos tan frágil, yo tan fuerte.
La habitación llena de cosas, de sentimientos, de emociones, pero tan vacía como el amor que te tenía ella. Poco entendía en ese momento, y un poco más entiendo ahora.. pero sigo sin entender el por qué de los actos, el por qué de la bajeza. 
Vos siempre con una sonrisa, ante todo. Me lo dejaste como enseñanza de vida, lo aprendí de vos, de tu amor sin fronteras, de tu enorme alma que me cubría siempre y me cubre mucho más ahora. Yo intentando tragarme el llanto, la impotencia de verte ahí. Las lágrimas que poco pude contener y fueron bajando, una por una. Vos te reíste, me dijiste que estaba todo bien aunque sabías que no era así, sabías cómo terminaba esta historia. Y cuando menos lo esperaba, te estaba abrazando sin querer soltarte nunca.
Siempre conserva la sonrisa y nunca dejes que te lastimen. Elegí bien a quien querer. Hacelo, por sobre todas las cosas, por vos y un poco por mi, me dijiste. 
Y lo estoy haciendo, estoy cumpliendo. Por vos, porque te amo y te extraño cada día más. 

lunes, 11 de febrero de 2013

H A P P I N E S S


- ¿Vos sos feliz?
- Si. Bah, no. Para, no se. Depende de lo que vos llames felicidad.
- Felicidad no es reírse..
- Ya se, entonces... ¿qué es?
- Felicidad, para mí, es saber que no estas solo, y que sean quienes sean las personas con las que estes, te hacen bien.
- Entonces si, soy feliz.



miércoles, 6 de febrero de 2013

- Quiero hablar con vos
- ¿Qué pasó?
- Nada, sólo quiero hablar
- ¿Sobre?
- Nada en especial
- Ah.
- ¿Qué opinas?
- ¿Sobre?
- La vida…
- Que es muy linda para ser tan corta.
- ¿Corta?
- Si, no dura para siempre.
- ¿Y cuándo juramos algo para siempre?
- El para siempre no existe. Es sólo una manera de decir “hasta que quiera”
- Yo creo en el para siempre.

martes, 5 de febrero de 2013

Ya estamos grandes, pensas mientras caes.

Y le dije... "no creo en los finales felices"
Me miró, y nos dimos cuenta de que nada era como antes. Esa confianza que habíamos construido juntos se diluyó en el mar que en ese mismo instante nos estaba separando. Me indigné. ¿Cómo podía ser posible? ¿Cómo a alguien se podría haber imaginado que íbamos a estar así? Justo a la persona a la que le desnudé mi alma, la que hice cómplice de mis miedos e inseguridades; a la que le mostré un rincón de mi imaginación, donde nunca nadie, más que yo, había estado antes; con la que recorrí plazas y parques, como los  delirantes que somos.
"Te quiero", me dijo, justo en el momento en que mi cara expresaba mi enojo. ¿Cómo pude ser tan estúpida de creer todas las promesas? Contuve una lágrima, dos quizás pero la tercera se escapó e intentó abrazarme. Me corrí, me gusta llorar sola y detesto los abrazos. Lo sabe.
Todas las dudas juntas corrían en mi cabeza, no entendía nada y me empezaba a marear un poco. Era la primera vez que me tocaba vivir este tipo de situaciones, creyéndome inmune. En ese momento, entendí que no soy de piedra, pero que es mucho mejor intentar serlo.
Y me repetí: "no creas en los finales felices"      

martes, 15 de enero de 2013

Sentir el pasto.
Mirar más allá del horizonte.
Cerrar los ojos.
Cruzar los dedos.
Pedir un deseo.
Suerte para mi, suerte para todos.
Basta para mi, basta para todos.

lunes, 14 de enero de 2013

Like a rolling stone.

"Para siempre es mucho tiempo, ¿no te parece?" Pero seguía con la mirada en el suelo.
"¿No te parece?", le repetí para cercionarme que no me había escuchado. Y si, era así. No me había estado escuchando durante toda nuestra conversación. Fue ahí que me di cuenta de que ya no había más que hacer, que lo mejor era que cada uno retomara el camino que había dejado.
Me miró, lo miré. Tenía los ojos tan negros como nunca los había visto. Y una sonrisita tonta se me escapó en los labios, lo que hizo que se riera.
Lo sabíamos, pero no queríamos decirlo. Esa era la única realidad.
Nos despedimos en la puerta del bar, nuestro bar, donde ya éramos conocidos por los mozos y todos los habituales clientes, como los dos jóvenes que todos los martes a las seis de la tarde se tomaban un cortado y un café con leche. Nos reiamos, nos hacíamos bien; éramos felices por lo menos por dos horas. Después de eso, cada uno a su triste realidad.
Al típico saludo de siempre lo suplantamos con un abrazo largo, como para que bastara por un rato largo. Una sonrisa, y un "cuidate". Sabíamos que iba a pasar mucho tiempo hasta que nos volvamos a ver, pero también sabíamos que nos íbamos a volver a cruzar en algún momento. Si la vida nos quiso juntos una vez, ¿por qué no dos?

jueves, 26 de julio de 2012

qué te anda pasando corazón que va sin mando?

Catarsis. Eso es, básicamente, lo que necesito. ¿Por qué?, Simplemente porque no me entiendo. Paso de la alegría al llanto, en menos de un segundo... y viceversa. ¿Qué me anda pasando? Y no, señores, no me vino; como diría cualquier hombre que leyera esto (porque, por alguna extraña razón, todo hombre relacione cualquier mínima reacción de histeria con la típica frase "te vino"), es simplemente que no se que me pasa. 
Quizá es la extrañeza de sentir tanto alivio después de una época de stress por causa de los parciales.
Quizá es que, como los nenes chiquitos extrañan a su mamá, yo extraño a mis amigas.
Quizá es que le tengo una poca disimulada envidia a cualquier ser que se esté por ir a Bariloche dentro de los próximos meses.
Quizá es que no quería crecer, pero lo tuve que hacer igual.
Sean cuales sean las razones, hoy en día me siento así: feliz de a ratos. Y no es que la felicidad se me esfume completamente, ni que piense en el suicidio de un momento a otro, sino que últimamente mi vida cotidiana la comparo con lo que fue el año anterior... y claramente, es total y completamente diferente, por diversos motivos. No es que ahora sea mejor ni peor, sólo que es diferente. Y, en cierto sentido y como le digo a todas las personas con las que mantengo una charla de ésta índole, no es que sea trágica como la vemos en estos momentos: sólo es diferente y nos tenemos que acostumbrar.
También, a esta vida tan diferente de la que estoy acostumbrada, se le suma este pensamiento: la gente cambia. Y no sólo físicamente, sino también en la manera de ser: quien ayer te prometía amistad eterna, hoy ni siquiera te habla. Y de ésto se pueden destacar diversos ejemplos, que no quiero nombrar ahora, pero que sí hacen que estos bajones de vez en cuando aparezcan. ¿Por qué siempre pasa esto? ¿Por qué siempre creemos en que todas nuestras amistades y vínculos que tenemos con otras personas van a ser para siempre? ¿Por qué somos tan ingenuos en creer en un mundo inexistente, donde las personas sólo les interesa la amistad y saben sobrellevar las cosas? ¿Por qué?
No se si me pone mal los cambios de la gente o creer las promesas falsas de los mismos; sea como sea, estoy así: en este estado tan indeciso como suele ser común en un adolescente de catorce años. Pero convengamos algo: no tengo catorce, sino que tengo dieciocho... ¿será que siento una leve responsabilidad por tener esta edad? ¿será que siento que debería sentirme grande, cuando en realidad me siento como una nena? ¿Será que estoy harta de no saber en qué creer, de siempre creer lo equivocado? ¿Está mal querer que todo esté bien, que todo esté como era antes? No se si está mal. Está diferente.