martes, 5 de febrero de 2013

Ya estamos grandes, pensas mientras caes.

Y le dije... "no creo en los finales felices"
Me miró, y nos dimos cuenta de que nada era como antes. Esa confianza que habíamos construido juntos se diluyó en el mar que en ese mismo instante nos estaba separando. Me indigné. ¿Cómo podía ser posible? ¿Cómo a alguien se podría haber imaginado que íbamos a estar así? Justo a la persona a la que le desnudé mi alma, la que hice cómplice de mis miedos e inseguridades; a la que le mostré un rincón de mi imaginación, donde nunca nadie, más que yo, había estado antes; con la que recorrí plazas y parques, como los  delirantes que somos.
"Te quiero", me dijo, justo en el momento en que mi cara expresaba mi enojo. ¿Cómo pude ser tan estúpida de creer todas las promesas? Contuve una lágrima, dos quizás pero la tercera se escapó e intentó abrazarme. Me corrí, me gusta llorar sola y detesto los abrazos. Lo sabe.
Todas las dudas juntas corrían en mi cabeza, no entendía nada y me empezaba a marear un poco. Era la primera vez que me tocaba vivir este tipo de situaciones, creyéndome inmune. En ese momento, entendí que no soy de piedra, pero que es mucho mejor intentar serlo.
Y me repetí: "no creas en los finales felices"      

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