Quizá es la extrañeza de sentir tanto alivio después de una época de stress por causa de los parciales.
Quizá es que, como los nenes chiquitos extrañan a su mamá, yo extraño a mis amigas.
Quizá es que le tengo una poca disimulada envidia a cualquier ser que se esté por ir a Bariloche dentro de los próximos meses.
Quizá es que no quería crecer, pero lo tuve que hacer igual.
Sean cuales sean las razones, hoy en día me siento así: feliz de a ratos. Y no es que la felicidad se me esfume completamente, ni que piense en el suicidio de un momento a otro, sino que últimamente mi vida cotidiana la comparo con lo que fue el año anterior... y claramente, es total y completamente diferente, por diversos motivos. No es que ahora sea mejor ni peor, sólo que es diferente. Y, en cierto sentido y como le digo a todas las personas con las que mantengo una charla de ésta índole, no es que sea trágica como la vemos en estos momentos: sólo es diferente y nos tenemos que acostumbrar.
También, a esta vida tan diferente de la que estoy acostumbrada, se le suma este pensamiento: la gente cambia. Y no sólo físicamente, sino también en la manera de ser: quien ayer te prometía amistad eterna, hoy ni siquiera te habla. Y de ésto se pueden destacar diversos ejemplos, que no quiero nombrar ahora, pero que sí hacen que estos bajones de vez en cuando aparezcan. ¿Por qué siempre pasa esto? ¿Por qué siempre creemos en que todas nuestras amistades y vínculos que tenemos con otras personas van a ser para siempre? ¿Por qué somos tan ingenuos en creer en un mundo inexistente, donde las personas sólo les interesa la amistad y saben sobrellevar las cosas? ¿Por qué?
No se si me pone mal los cambios de la gente o creer las promesas falsas de los mismos; sea como sea, estoy así: en este estado tan indeciso como suele ser común en un adolescente de catorce años. Pero convengamos algo: no tengo catorce, sino que tengo dieciocho... ¿será que siento una leve responsabilidad por tener esta edad? ¿será que siento que debería sentirme grande, cuando en realidad me siento como una nena? ¿Será que estoy harta de no saber en qué creer, de siempre creer lo equivocado? ¿Está mal querer que todo esté bien, que todo esté como era antes? No se si está mal. Está diferente.
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