Sus caderas bailan al caminar con sólo escuchar el clack de sus tacos.
Su pelo teñido esconde su cara tras ese flequillo perfectamente planchado.
Sus ojos resaltan con el delineado, haciendo juego con la sombra e iluminadas por ese brillo del espejo en que se reflejan.
Me miré; las miré: difícilmente podría parecerme a ellas.
Mis caderas son anchas. Tan anchas que no entran en lo estipulado por ellas.
Mis ojos, siempre naturales.
Mis pies rozan el piso por la poca plantilla que mis zapatillas sucias llevan dentro.
Mi pelo atado, en un rodete que resalta mi eje de gravedad.
¿Desinteresada? ¿Loca? ¿Estúpida? No, simplemente diferente.
¿Qué tiene de malo ser diferente? ¿Qué tiene de malo estar, quizá a los ojos de los demás, un poco loca?
Para mí, nada. Es por eso que soy así.
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