domingo, 27 de febrero de 2011

chauchau!

Una mirada... eso era todo lo que necesitaba para darme cuenta.     


Nos miramos: me miraste y me di cuenta que de verdad no te importaba más.
¿Cómo pudiste cambiar tanto? ¿Cómo pudimos cambiar tanto?
Llegamos al punto de mentirnos, pasamos de contarnos nuestros mayores secretos a guardarlos bajo llave y candado.
¿Cómo fue que todo terminó? ¿Cómo fue que pasó?
Quizás, quizás nunca nos conocimos bien.
Quizás, quizás nunca nos supimos valorar de verdad.
Ahora, el lavamanos siempre ocupados; siempre la culpa del otro.
¿De que me sirve hablar si no me vas a escuchar?
¿De que me sirve seguir si ya no puedo confiar?
Harta de caretearla, no puedo más. Llego al punto de que quiero llorar.
Las lágrimas brotan... ¿Bronca? ¿Impotencia? ¿Dolor?
Creo que la última es la más acertada...
Dolor de creerte.
Dolor de haber confiado.
Dolor de equivocarme.
Te digo hasta luego, aunque me duela, pero parece que a vos no. 
Te digo hasta luego, aunque a vos no te importe.
Te digo hasta luego, aunque se que es para siempre.
No, mejor no te digo hasta luego, mejor te digo chau.

No hay comentarios:

Publicar un comentario